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España: Davíd y Goliath - Redactora de caiman y la Telefónica

Otro caiman intenta salir de su suelo patrio. España, la costa norteña, Santander, todo lo que nadie conoce salvo los surfeadores que vienen desde la parte francesa ó los ingleses del ferry que se reconocen en seguida por su piel enrojecida. Pero todo eso aparte.

Caiman se metió en la aventura, y todo se desarrolló estupendamente, hasta que, o sea realmente hasta que llegó la Telefónica. ¡El gigante gigantesco entre las companías telefónicas! Como conocedor de la mentalidad española todavía hay situaciones que se arregla con la omnipotente "mañana" llamé yo mi ofrecedor de teléfonos ya antes de mi salida a la lejanía desde Alemánia para poder concertar con él una fecha. Me disfruté de la rapidez y la amabilidad de las informaciones recibidas así como la fecha concertada.

¡El día de despertar! Era un viernes, el 16 de junio, cuando deberían venir los especialistas para instalar mi planta de ISDN. Cuando a las 4 p. m. todavía no ha tocado nadie el timbre de mi domicilio me puse nerviosa.

Viernes, es viernes, el fin de la semana está llegando, y ellos me han olvidado. Llamé a la Telefónica y me exhortaron quedarme con paciencia porque en fin de cuentas se trabaja hasta las 9 p. m. A las 8. p.m. traté de llamar de nuevo. La misma contestación, pero esta vez varió un poco: "si no hoy, entonces de todas maneras mañana porque nosotros trabajamos también los sábados".

El viernes estaba acabándose sin éxito, lo mismo que el sábado. Telefónica siempre daba la misma contestación, si no vienen hoy entonces seguro que vendrán el lunes. Cada vez más me puse nerviosa, más que esto ya no confié ni un segundo más en las palabras del operador de la Telefónica. ¡Lunes ! Apenas que la aurora se ha desaparecido corrí yo a la cabina de teléfono abajo y escuché la voz del operador de "Telefónica" al susurrarme en mi oido en dulces palabras "Buenos días".

Le expliqué mi situación. Una vez más tenía que deletrear mi nombre, todavía no entendía él lo que es nombre y apellido, luego su solicitud por el número de mi carnet con el que también tenían ellos un problema porque cada vez les faltaba la letra al final tal como es la regla en pasaportes españoles. "Es un pasaporte alemán ", yo grité en el auricular ya que había sido comunicada mientras tanto tres veces con otras estaciones teniéndo que contestar en cada estación las mismas preguntas. Trás mi se formaba una cola de personas a las que también hubiera gustado llamar por teléfono. Y sólo encogí mis hombros diciéndo: "Telefónica". Apenas pronunciado este nombre ellos se siguieron su camino en búsqueda a otra cabina de teléfono. "¿Escúcheme?" , "Sí", grité yo, "ya no le encontramos en nuestro computador. ¿Nos podría volver a decir su nombre y el número de su carnet?". Yo grité y grité preguntándole si me quiere quitar el pelo.

Hace tres cuartos de hora que estoy aquí en esta cabina de teléfono sólo solicitando una contestación clara a mi pregunta por donde queda mi conexión de ISDN y él me volvió a solicitar de nombrar mi apellido.

Ahora gritó tambien mi operador, yo le contesté gritando, tratando de explicarle finalmente que necesito la conexión en forma muy urgente porque trabajo en el sector de Internet. Pero antes de termiar mi explicación él me cortó la linea: tut ... tut

Yo llamé otra vez en seguida, mi orgullo estaba herido y pensé: esta vez voy a proceder más inteligente estando amable a mi operador. Empecé a hacer mis explicaciones en una voz dulcísima, pero él me contestó rotundamente: "¿porque habla Ud. tanto?" y me volvió a echarme afuera de la linea. Estuve a borde del colapso nervioso y de lácrimas porque esta vez estuve amable. Yo traté nuevamente mi suerte lloriqueando "buenos días". "Por favor, no me echen afuera de la linea, por favor no". Y empecé de nuevo deletrear mi nombre. Diariamente se repetió lo mismo, una vez no me encontraron en el computador, otra vez me echaron fuera de la linea por estar yo demasiado maleducada. Una mañana se trataron de convencerme que me han visitado el viernes el 16, una otra vez me informaron sobre un defecto técnico en el material que posiblemente podría venir "mañana" etc., etc.

Todo transcurrió dentro de 17 días aproximadamente según el mismo modelo. A partir del sexto día yo todo lo tomé con calma y cada mañana tenía mucha alegría sobre la disputa venidera con mi operador. De vez en cuando, al no tener otra cosa que hacer, tambien les llamé en la tarde para enervarles; todo me daba lo mismo. Yo quería justicia y no más una conexión ISDN. Una mañana como de costumbre me iba a llamar a los operadores, el número de mi carnet, ya sabiendo de memoria, gritar en el auricular cuando la voz lejana me dijo realmente que una conexión ISDN tarda hasta 3 meses. Como yo dí el pedido a mediados de Mayo ya podrian hacerse Agosto o Setiembre Ya no dije niguna palabra más, colgué el teléfono y todo me dió igual. Ya acepté la cabina del teléfono como mi hogar.

Texto + Fotos: Jutta Huppert
Traducción: Otto Schönauer
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Nota de la redacción: Si no fuéramos una revista para América Latina, España y Portugal el primer caiman probado por Telefónica tuviera que decir algo aquí sobre la Telecom alemana, cuanto más que él vive en el 5to piso de un edificio viejo y hasta hoy ningun técnico de Telecom ha entrado este departamento.


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