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España: El mejor fotógrafo del mundo: Robert Capa


La vida era tan absurda, ¿qué importaba si él cambiaba algunos detalles?
Richard Whelan, biógrafo de Robert Capa

Nos hallamos en febrero, antes del comienzo de la primavera, del año 1936 en París, la ciudad eterna de los pintores y artistas. En este momento concreto también es, sin embargo, la capital de los emigrantes de una Europa Central abatida por el nazismo.

Entre la multitud gris y hambruna que recorre las calles, intentando evitar la inevitable lluvia, también anda una pareja joven veinteañera cogidos de la mano y con un aire preocupado. Ella se llama – todavía – Gerta Pohorylle y es una judía alemana, huída de su país natal desde hace tres años. Él se llama Endre Ernö Friedmann, también es judío y oriundo de la parte Pest de lo que ahora es la capital de Hungría. La razón de su preocupación se explica rápido: hambre.

Ella trabaja como secretaria a la agencia de prensa "Alliance Photo" y él es fotógrafo libre. El dinero – mal pagado, con retraso y sobre todo poco – no les abastece para la habitación y la comida.

Dejémoslos andar tranquilos, porque todavía tienen que aguantar un poco más. De aquí un mes le subirán a ella algo el sueldo. Él empezará a colaborar con cierta regularidad para la misma agencia donde trabaja ella. Ya no tendrán hambre, aunque tampoco no se podrá decir que estarían cómodos.

Trabajarán muchísimo y nunca dormirán más de cuatro o cinco horas. A pesar de su esfuerzos, muchas fotos de él serán rechazadas. Prácticamente la única agencia que le comprará fotografías será Alliance Photo. La situación es desesperante. Sólo un milagro les permitirá sobrevivir. Así que una noche, cuando los dos estarán sentados delante de una ventana abierta, donde entrará el aire primaveral, ella le dirá: ¿Por qué no te inventamos?


Esta noche nace un fotógrafo americano muy famoso que ha venido a París a trabajar. No se reúne con nadie, vende sus fotos sólo a través de su asistente de la camera oscura y – pequeño detalle – debido a su fama internacional cobra el triple de la tarifa normal.

Así nace Robert Capa – nombre supuestamente derivado de Robert Taylor y Frank Capra, aunque acerca del origen de su nombre hay historias muy diversas. Un poco después, nace también Gerda Taro – si de un pintor japonés Taro Okamoto, de unos amigos Tharaud o del río italiano Taro no se sabe. Y nacen zapatos, una habitación de hotel un poco mejor, un vestido y un nuevo peinado para él. La influencia de Gerda empieza a notarse: el joven que parecía gitano se transforma en un hombre elegante, uno que parece burgués. No era ni una cosa ni otra, pero eso ya tiene la vida de Capa: siempre aparecía alguna cosa, siempre interpretaba algún papel. Como Irwin Shaw (escritor americano, ningún familiar del famoso George Bernhard Shaw) escribió en el ‘47: "Sólo por las mañanas, cuando se arrastra de la cama, Capa enseña que la tragedia y el sufrimiento por los que pasó han dejado una huella en él. Su cara gris, sus ojos apáticos y como perseguidos por los sueños oscuros de la noche; he aquí, por fin, el hombre de la cámara que ha escudriñado tanta muerte y tanto mal (...) Entonces Capa toma un trago fuerte, se sacude, prueba su sonrisa de la tarde, descubre que funciona, sabe otra vez que tiene la fuerza para subir la colina reluciente del día, se viste, sale, desenvuelto, estudiadamente alegre al bar del ‘21’ (...)". Hasta llegar este momento, sin embargo, todavía falta mucho tiempo, y, la verdad, bastante sufrimiento.

Cambiemos otra vez de escenario: ahora es el día 25 de octubre del 1938 y estamos cerca de las ruinas del monasterio Poblet, deshabitado desde el siglo pasado.

Para ser precisos, estamos a Les Masies, un pueblo pequeñísimo a 800m de este monasterio cisterciense, que se ubica cerca de la costa mediterránea en el interior de la provincia de Tarragona (Cataluña) y que fue en el medieval uno de los monasterios más importantes de España.

Capa, ya solo, tuvo que levantarse pronto, porque el tren que le trajo junto a unos soldados de la Brigada Internacional americana "Abraham Lincoln" desde Marçà (pueblo en el Priorat, al sur de Cataluña) ha salido poco después de las dos de la madrugada. Se mojaron todos, porque llovía a cántaros. Además hacía bastante frío. A las 8 de la mañana llegaron a la estación de L’Espluga de Francolí, desde donde anduvieron los cuatro kilómetros a Les Masies, para encontrarse con la 35 y la 45 División Internacional y ser presentes en otro acto de despedida.

No hace mucho que Capa ha vuelto a la España republicana de la que ya no queda mucho. La frontera con la Una, la Grande, la España Nacional está en Lleida, a tan sólo 30 kilómetros de donde se halla actualmente. Capa ya tiene un cierto reconocimiento internacional. Falta muy poco para que un periódico le llame "el mejor fotógrafo de guerra del mundo". Estuvo hace poco en la guerra de la China, su primer trabajo serio desde que está solo. Solo porque su compañera, Gerda Taro, ya no está. Hace poco más de un año, el maldito 25 de julio de 1937, fue aplastada cintura abajo por un tanque republicano huyéndose con pánico de las tropas del Generalísimo. Eso fue a Brunete, cerca de un Madrid a punto de caer a las manos de los fascistas.

Él no estuvo. Se habían despedido en Madrid, no sabiendo qué pasaba con su amor. Él había vuelto a París para poner unos cuantos asuntos en orden. A pesar de lo que habían dicho al despedirse, la próxima vez que la vio, ella yacía dentro de un ataúd con una bandera encima. La primera fotógrafa muerta en una guerra, era el título dudoso que se había ganado con una noche de tortura, muriéndose sola en un hospital del frente madrileño.

A pesar de que ambos habían intentado llevar una relación en cierto sentido abierta – ya ninguno de los dos eran fieles en el sentido clásico de la palabra y él durando toda su vida corta tuvo la fama merecida de un Don Juan – Capa no superó nunca la muerte de su compañera de los primeros días. De aquí que no sea mucho fantasear que esta mañana soleada pero fría pensaba en ella, mientras preparaba el material, buscaba sitios desde donde fotografiar y se quedaba maravillado con las caras fuertes y duras de los Brigadistas.


Menos mal que no estaba solo del todo, aunque quizás lo sintiera así: había venido con un amigo, también de los primeros días, el fotógrafo David Seymour, a quien le llamaban Chim. Con aquél y con otro amigo de París, Henry Cartier-Bresson, fundaron pocos años después la agencia Magnum Photos, una de les más prestigiosas del mundo. Cartier-Bresson fue el único que sobrevivió su profesión: Capa pisó el 25 de mayo de 1954 una mina en Vietnam y Chim murió 1956 en un tiroteo en el Canal de Suez.

Capa, aquél día 25 de octubre se quedó impresionado por les caras de las Brigadistes que estaban a punto de marcharse de los restos de un país para el que habían luchado. Muchos de ellos habían muerto en defensa de la democracia en esta lucha que tan sólo era el auspicio de una guerra mucho más grande. Entre los muchos muertos, también hubo casi toda su familia política, la familia de Gerta. No se habían dado cuenta a tiempo que el hermano mayor del dictador español siempre, pero siempre, hablaba en serio, por imposible que pareciese.

No se sabe qué sintió Capa aquél día de la despedida, donde el Presidente de la República Negrín prometió la nacionalidad a los Brigadistas que habían luchado tanto en el frente con los nacionales como a veces en el frente interno entre los muchos grupos que defendían más sus ideas que no la causa común.

Se sabe, pero, que tres meses después abandonó España por última vez y no volvió nunca más. Se había hecho famoso con aquella guerra que para alguna gente duró 40 años más. Aunque el éxito le gustaba y le aportaba una parte de la enorme cantidad de dinero que necesitaba se habría jubilado mejor hoy que ayer. Su amor por la paz y su inocencia le hicieron bromear después de la liberación de París en el 1945 de hacerse unas tarjetas de visita:

ROBERT CAPA
Fotógrafo de Guerra
En el paro.

Más literatura sobre Robert Capa y Gerda Taro:
Richard Whelan, "Robert Capa: a Biography", Alfred A. Knopf (New York, 1985)

Irme Schaber, "Gerta Taro: Fotoreporterin im spanischen Bürgerkrieg", Jonas (Marburg, 1994)

"Robert Capa: Fotografías", Aperture (New York, 1996)

Robert Capa, "Slightly out of focus", Mod-ern Library, (New York, 2001) (novela del mismo fotógrafo)

Richard Whelan, "Robert Capa: the definite collection", Phaidon Press (London, 2001)

Richard Whelan, "Capa: cara a cara. Fotografías de Robert Capa sobre la Guerra Civil Española", Ministerio de Educación y Cultura/Aperture (Madrid, 1999)

"Heart of Spain: Robert Capa’s photo-graphs of the Spanish Civil War", Aperture (New York, 1999) (original del antes citado "Capa: Cara a Cara")

Texto: Nil Thraby
Fotos: Montblanch, cerca de Barcelona. 25 de octubre 1938. Despedida de las Brigadas Internacionales por parte del gobierno republicano a consecuencia de la amistad entre Stalin y Hitler.
(© Robert Capa R / Magnum Photos)
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