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Obras de arte & Dulces aparte
Sevilla invita a la muestra de los dulces de los conventos

Como siempre en los días del Adviento, Sevilla invita de nuevo a unas delicias muy especiales: a la muestra de los dulces de los conventos de clausura.

Se trata de una presentación extraordinaria de productos de los numerosos conventos de clausura de Sevilla. Aquí se puede obtener una idea de la orginalidad y variedad de los dulces elaborados por las monjas sevillanas que a veces se basan en recetas árabes muy antiguas. En muchos casos, la venta de estas golosinas constituye la única fuente de ingresos para los conventos. Como corresponde a estas pequeñas obras de arte realizadas por manos tan pías, se presentan en un ambiente nada profano. No en el palacio arzobispal (cerrada al público por restauración) sino en la gigantesca catedral de Sevilla. Entre el 3 y el 6 de diciembre habrá largas filas delante de la Puerta de los Príncipes y el mayor edificio gótico del mundo se convertirá en un auténtico templo de peregrinación para los sibaritas. Entre el mayor retablo del mundo (28 metros de altura), una montaña dorada, y el Ángel de la guarda de Murillo se podrán contemplar obras muy caducas.

Y aparentemente, a pesar de todas revistas que propagan dietas, todavía abundan los adictos a estas riquísimas "bombas" de calorías procedentes de los conventos que a menudo son más dulces que el mismo azúcar y que rompen todos los cuadros sinópticos de kilocalorías. Así que hay que calcular con una gran afluencia de visitantes y con tiempo de espera.

Pero podemos consolar también a todos los que – motivados por una mezcla de apetito de mazapán y anhelo de volver al Sur – quisieran reservar al instante un vuelo Last Minute para Sevilla, pero por alguna razón no pueden hacerlo. No deben renunciar a las delicias de los conventos, ya que los mismos se pueden obtener durante todo el año. Pero de ningún modo se debe eligir el "camino más cómodo", comprando estas delicias en el "Corte Inglés", en el edificio más feo de Sevilla, donde hay que pagar una tarifa especial.

Es mucho más recomendable volver directamente a la fuente, porque en un convento de clausura de Sevilla cada día puede ser un "día de los dulces", y allí mismo se puede comprar los mismos productos más baratamente y en un ambiente mucho más espectacular. Por ello, no se debe perder la visita de las iglesias y los claustros y se puede hechar un vistazo tambien a las huertas de los conventos donde se encuentras los naranjos que sirven para producir la mermelada de cultivo ecológico garantizado.

Por eso la recomendación del caiman: pasar una tarde con obras de arte & dulces a parte en el conviento seleccionado por nosotros: el Monasterio Jerónimo de Santa Paula, el conjunto conventual más bello y mejor conservado que se puede admirar en Sevilla.

Hay que buscarlo en el laberinto de callejas blancas del barrio de la Macarena y los autobuses de turistas arogantes que creen poder ver "Sevilla in one day" no lo descubrirán.

Un poquito irritado me encuentro con un grupo de turistas ávidos de arte, esperando delante de la puerta de madera debajo de la bella Espadaña.

Pues, a pesar de que el horario de visita está indicado de 16.30-18.30 horas, la puerta queda cerada. Muchas veces tocamos la muy antigua aldaba pero no pasa nada. De repente, uno de nosotros descubre un timbre casi ocultado, como si tuvieran vergüenza de instalar tal concesión a la modernidad. Todavía nesecitamos un poco de paciencia hasta que se abra la puerta. Una dama viejita vestida de negro abre la puerta a principio sólo un resquicio y cautelosamente nos mira. Notando nuestra intención pacífica y el verdadero interes en obras de arte & dulces aparte, con una sonrisa encantadora nos deja entrar. Primeramente, estamos en la huerta del convento que en el lado izquierdo está limitado por casas normales. Allí vivirá nuestra guía, ya que no pertenece a la orden. Ella nos muestra ese pequeño paraíso lleno de flores, cipreses y hierbabuena.

Se podría estimar su edad a por lo menos 80 años, camina inclinada, y parece casi frágil, pero enérgicamente nos pide a dirigir la mirada hacia arriba.

Lo que ahora nos explica competentemente es sin duda el portal conventual más bonito y original de Sevilla que aquí se encuentra ocultado en el jardín. Nuestra guía simpática demuestra vivamente gesticulando los detalles artísticos de esta fachada.

Se trata de una mezcla particular de formas góticas, decorado mudéjar, azulejos sevillanos y elementos platerescos y del renacimiento italiano. El creador de esta singular obra de arte era procedente de Pisa. Niculoso Pisano terminó este portal en el año 1504, en colaboración con el escultor sevillano Pedro Millán. Apenas sabemos a dónde dirigir la mirada y qué detalle de esta fachada merece la máxima admiración: el escudo plateresco de los Reyes Católicos, los azulejos de 500 años y llenos de fantasía, los siete medallones de santos (el central es una obra de terracotta vidriada de Andrea della Robbia, importada de Florencia), o la galería de ángeles de cerámica con la que Pisano remató el portal.

Despúes, la amable abuelita busca una inmensa llave, parece que apenas puede portarla. Ella pasa adelante y tiene que concentrar toda su fuerza para girar este monstruo antiguo de una llave en la cerradura. Orgullosa, no admitiría ayuda alguna. Delante de nuestros ojos se abre un joyero y aparece una galería sagrada. La iglesia es pequeña y de una sola nave, una típica "iglesia de cajón". Pero – como nos asegura nuestra guía sonriendo con picardía: lo que ahorraron por la sencillez de la arquitectura, podían gastar para crear una decoración tanto más rica. Primeramente, el retablo mayor, barroco del año 1730 y dorado, atrae las miradas de los visitantes. Aún más atención merecen los retablos laterales y más antiguos de los Santos Juanes de Felipe de Ribas, y sobre todo las dos esculturas centrales, San Juan Bautista y Evangelista (1637/38) del "Miguel Ángel sevillano" Juan Martínez Montañés. Nuestra guía también nos muestra los azulejos singulares de ángeles femininos (!) y, de repente, echa una moneda en una caja y nuestras miradas se dirigen hacia arriba, donde se ilumina un grandioso artesonado mudéjar de 1623, parcialmente dorado, para una treintena de segundos. Quien quiere contemplarlo más tiempo, tendrá que echar una moneda de 100 pesetas.

Después de tanto oro, tantos ángeles y santos, la amable abuelita piensa en nuestro bien, diciendo que ahora nos merecemos dulces y mermelada. Apaga la luz y declara la visita por terminada. A mi pregunta, por qué esta maravillosa iglesia se encuentra tan bien conservada, responde con un movimiento simbólico, como si tuviera una plumera: "Mucha limpieza!"

Cuando salimos a la luz dorada de la tarde, ella nos indica la puerta al museo y a la tienda de dulces de Santa Paula y nos invita a llevarnos algo del romero de la huerta. Cuando nos despedimos de la abuelita (a la que Dios dé larga vida) le damos una bien merecida propina. Ella la da directamente a su nieto (o biznieto?), el cual ya parece saber que después de cada visita guiada su abuela le regala algo.

Ahora, una monja de la orden jerónima nos lleva a la tienda de los dulces. Aquí resulta difícil decidirse entre mermelada oscura de higos, mermelada de naranja amarga, tortas y galletas de anís y canela, y gelatina de azahar. Naturalmente, todos los productos son naturales y sin conservantes, y las etiquetas de los vasos llevan el símbolo y la espadaña del Monasterio de Santa Paula. Compramos unas tortitas de anís y unos vasos de la muy deliciosa y recomendable gelatina de azahar.

Ya se acabó la distracción profana y seguimos con nuestras contemplaciones de arte sacro. Pasando por el patio renacentista, echamos una mirada asombrada a las imágenes de azulejos del claustro grande que a veces no parecen tan religiosos, como p.ej. un Baco de sonrisa pícara de 1617.

Al final la venerable monja nos guía por las tres salas del museo, donde podemos admirar rarezas preciosas como un cuadro barroco mejicano de la Virgen de Guadalupe, un manuscrito de Santa Teresa de Jesús, un San Jerónimo del pintor barroco Luca Giordano y un bello Arcángel Miguel del pintor madrileño Eugenio Cajés.

Sería deseable, que tambien los otros conventos de Sevilla se vayan orientando por el hábil concepto de marketing de las monjas de Santa Paula, de manera que no sólo comercializan sus dulces, sino tambien abran sus tesoros del arte al público. Pues,la mayoria de los conventos sevillanos todavia oculta sus obras de arte de los ojos del mundo, mientras que cada uno podría llenar facilmente un museo de medio tamaño.

Texto + Fotos: Berthold Volberg para imprimir  

Monasterio jerónimo de Santa Paula
Especialidad: (Mermeladas de naranja, higo, membrillo, etc.)
Abierto (sólo Iglesia y Museo; Grupos deben llamar con anticipación): 10.30 – 12.30 horas y 16.30 – 18.30 horas (Lunes cerrado!)
Visita guiada por iglesia y Museo: Entrada libre; se recomienda dar propina
C. Santa Paula
Tel.: 954-536330 (o 954-421307)

Convento augustino de San Leandro
Especialidad: "Yemas de San Leandro"
Abierto al público: sólo el 22. de cada mes de 9.30 – 13.00 horas
Y para la misa (martes - viernes 7.15 horas)
Plaza de San Leandro 1
Tel.: 954-224195

Convento dominicano de la Madre de Dios
Especialidad: Magdalenas, Naranjitos Sevillanos (Mazapán con mermelada de naranja), Tarta árabe de almendras (sólo si se pide con anticipación), Almendrados (Cruasant de Mazapán)
Abierto al público: sólo cada jueves de 8.00 – 13.00 horas); para la misa: 8.00 horas

Agradecemos mucho la colaboración de nuestros amigos sevillanos:
Catrmen & Manolo, Amparo y Juan Francisco!


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