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España: El Escorial: el Palacio de las Angustias de Felipe II

Ahora en diciembre, cuando ya hay nieve en las cumbres de la Sierra de Guadarrama, es el tiempo ideal para visitar el monumento más grande de España: el Escorial. Esa fortaleza espiritual, mezcla entre convento y castillo única en el mundo fue la morada eligida por el Rey Felipe II. Desde lejos, este inmenso castillo de roca parece una visión onírica y maravillosa. Pero de cerca ese sueño de piedra se puede convertir casi en una pesadilla - aunque no menos fascinante.

Aquí estamos delante el edificio considerado "Octava Maravilla del Mundo". Después de ir en tren unos 45 kilómetros desde la estación de Chamartín de Madrid, caminamos unos 20 minutos por una alameda solitaria y nevada para llegar al sueño petrificado del Rey Felipe II. (1527 – 1598) de España. Sí, este edificio encanta sobre todo de lejos, mientras que de cerca resulta inquietante. Siempre el mismo fenómeno: cuanto más uno se acerca, tanto menos bello parece el Escorial.


Estando delante de la entrada principal, la arquitectura de este bloque de granito evoca casi miedo por su impresión violenta. Pues, la fachada gigantesca del rectángulo de 208 x 162 metros es recta – sin piedad, y no se puede encontrar ningún elemento decorativo salvo la estatua de San Lorenzo que tímidamente saluda desde el portal. Este palacio titánico es el mayor edificio renacentista del mundo – pero no podría ser más lejos del espíritu del Renacimiento italiano. Proyectado por Juan Bautista de Toldeo, alumno de Miguel Ángel, San Lorenzo de El Escorial se empezó a construir en 1563 por encargo de Felipe II. como combinación de Palacio Real y Monasterio. En los años siguientes, el arquitecto Juan de Herrera terminó la construcción en tiempo récord hasta el año 1584. A la primera vista, El Escorial muestra las formas clásicas del Renacimiento italiano, pero en realidad, cada detalle de este "Padre de todos los Palacios" resulta desmesurado: hay 1200 puertas, casi 2700 ventanas, 86 escaleras, 15 claustros, 16 patios y 88 fuentes, una inmensa iglesia con cúpula de 90 metros de altura y 13 capillas.

Sus contemporáneos cuentan que el Rey Felipe II. lloró de alegría en el momento cuando el arquitecto Herrera le entregó las 1200 llaves de su "castillo de ensueño" durante la solemne fiesta nocturna de inauguración. Cuando hoy día se entra al Escorial, la emoción del Rey es difícil de comprender. Los sentimientos evocados son más bien ansiedad y hasta un toque de temor. Se puede observar la "dictadura de las formas" - imponentes, sin voluta alguna, sin compromiso. Y esta piedra fría y gris, aún más lúgubre durante una visita en invierno. Todo el conjunto tiene algo aplastante. No sólo por el tamaño colosal, sino porque aquí se siguen manifestando el absolutismo todopoderoso y el fanatismo religioso de su propietario solitario. Es una tenebrosa fortaleza de la fe militante que exhala rigor ascético, un "monólogo petrificado" que no admite réplica de ninguno de los pequeños súbditos que lo visitan.


Detrás de la puerta principal, se podría ir directamente a la biblioteca a la izquierda, pero recomendamos guardar lo mejor para el final y adentrarse primeramente en el oscuro centro. Al cruzar el Patio de los Reyes, se nota que Felipe II. no había proyectado el Escorial principalmente como residencia. Pues, ¿quién podría sentirse a gusto en un palacio cuyo única decoración exterior son bolas pesadísimas de granito? No, aquí se han materializado en dimensiones gigantescas las pretensiones del dominio universal y el catolicismo intolerante del "Rey de las Hogueras", el que también quería hacerse Señor de las almas con apoyo del Santo Oficio. Era intencionado el sentir miedo ante tanta monumentalidad. ¿Y las torres de Herrera - no parecen espadas erigidas?

La atmósfera fúnebre del Escorial también se explica por su función principal que no era ni Palacio Real ni Monasterio, sino servir de Mausoleo para Felipe y los suyos. Ya que el centro subterráneo del Escorial es el monumento fúnebre de la dinastía de los habsburgos españoles y encima de esta capilla se alza la Iglesia de San Lorenzo. Por fuera parece una lejana imitación de San Pedro de Roma, pero por dentro se presenta como un inmenso sarcófago. Sin duda, contiene materiales ricos y notables obras de arte, como el magnífico Crucificado del escultor renacentista Cellini y los monumentos de las familias de Carlos V. y Felipe II. de bronce dorado creados por Leone Leoni. Pero el retablo mayor de 26 metros (!) de altura resulta exánime por su orden arquitectónico tan dogmático y las pinturas de colores tan extrañamente frías. El templo apenas tiene ventanas, así que todo es oscuro, y los frescos de las bóvedas casi parecen sofocantes. Una iglesia como un Tribunal de la Inquisición: monumental y sin piedad obliga a arodillarse. Aquí no se puede esperar divina redención, sino sólo castigo.

Y al bajar al frío corazón del Escorial, se van acumulando las impresiones negativas. En el Panteón de los Reyes, un octógono de mármoles oscuros, se puede contemplar los sepulcros de Felipe II. y otros monarcas habsburgos de España. Es una capilla oscura y algo estéril. Más triste aún se presenta el Panteón de los Infantes, una inmensa sala subterránea llena de sepulcros procedentes de tres siglos. Descansan aquí las reinas estériles, los infantes e incluso los bastardos de los habsburgos españoles. Felipe II. no cesó de reunir los huesos de los ya difuntos miembros de la dinastía en este lugar, hasta que le rodearan más muertos que vivos. Será difícil imaginar algo tan deprimente como los numerosos diminutos sepulcros de niños de sangre azul reunidos en esta sala. El frío y las tinieblas de la muerte están a punto de invadir los pensamientos, cuando los visitantes abandonen precipitadamente este imperio de las sombras.


Para que la mente quede despejada , es recomendable visitar ahora los dos recintos que por sí solos ya valen un viaje y que consiguen "reconciliarnos" con el Escorial : el Museo y la Biblioteca. En el Museo se encuentran magníficas obras de arte, las que el propio Felipe mandó coleccionar por toda la Europa.

Sin embargo, también aquí dominan temas oscuros, ya que Felipe no era exactamente una persona risueña: cuadros como "Los Siete Pecados Mortales" de El Bosco (con monstruos exquisitos), el "Ecce Homo" del gran Tiziano y "El Martirio de San Mauricio" de El Greco. En la grandiosa Biblioteca, una de las más importantes del mundo, se puede ver que Felipe II. no sólo era el tirano fanático, sino sin duda un Mecenas culto de artes y ciencias – siempre que correspondían a su cerrado concepto del mundo. Las bóvedas están bellamente pintadas al fresco con alegorías de las Septem Artes Liberales por el pintor italiano Tibaldi. En las vitrinas se pueden contemplar los libros de oraciones de Carlos V. y Felipe II. y uno de los libros más valiosos de España: un comentario al Apocalípsis del Beato de Liébana del siglo X. (que muestra un dragón bastante gracioso). Incluso hay manuscritos hebreos y árabes los que Felipe había comprado en sus horas más tolerantes.

Pero en el ocaso de su vida, el Señor del Escorial era cada vez más retraído y cada vez menos inclinado a la tolerancia. Convirtió el Escorial en su tenebroso "Castillo Interior" que aún está reflejando su espíritu ascético. En su cuarto todavía se guarda la silla de manos con la que llevaron al ya moribundo Rey en el año 1598 desde Madrid a su querido Escorial. Aquí estuvo su lecho de muerte. Como ya no debían mover su cuerpo ya medio destruído por cáncer, serraron desde abajo un agujero en medio de la cama, para que sus restos de la digestión pudieran caer al suelo. El día 13 de setiembre de 1598 se consumó su horrible agonía. Obligó a sus hijos a presenciarla, diciendo las palabras macabras : "Así termina el poder del Mundo…"


Lo que queda es su "Castillo de Ensueño", el mayor edificio de España y uno de los más singulares del mundo. Desde este centro de poder, Felipe II. quería dirigir su monarquía universal. Siempre quería controlarlo todo, también las obras de su Escorial. A unos dos kilómetros al sur, en los Montes de los Ermitaños, mandó labrar un "trono" en las rocas. Desde esa altura, cerca del cielo, podía observarlo todo y sentirse casi como Dios. Todavía se puede visitar esa "Silla de Felipe". Cuando uno se sienta allí, puede ver el Escorial desde la perspectiva de Felipe II.
No es maravilloso?

Texto + Fotos: Berthold Volberg para imprimir

El Escorial por los ojos del caiman:
Recomendamos:
Patio de los Evangelistas
Museo de la Arquitectura

Imprescindible, Recomendamos fervorosamente:
Museo (Pinacoteca)
Biblioteca

Menos recomendable:
Iglesia de San Lorenzo
Palacio de los Borbones

Atmósfera deprimente:
Panteón de los Reyes
Panteón de los Infantes

Enlaces
http://www.banesto.es/banesto/escorial
http://www.adomicilio.com/sle/esp

Se llega fácilmente a El Escorial en tren desde la estación norte de Chamartín de Madrid (Trenes cada 45 minutos)

Abierto:
abril – setiembre: martes – domingo, 10.00 – 18.00 horas
octubre – marzo: martes – domingo, 10.00 – 17.00 horas


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