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Brasil: La criatura del Amazonas

"El animal medía más de dos metros de largo y pesaba aproximadamente trescientos kilogramos. Tenía un pelaje rojizo y una cara parecida a la del hombre". Ésa fue la declaración del cauchero quien dijo toparse con este perezoso gigante en la selva lluviosa brasileña. Así mismo, buscadores de oro e indios de la zona reportaron constantemente haber visto a un animal verdaderamente gigante en las zonas intransitables del Amazonas. En Brasil, los indios llaman a esta criatura "Mapinguari", en bolivia se le conoce como "Ucumari". ¿Qué hay de cierto en las historias de esta especie prehistórica?

El hallazgo de huesos comprueban que durante la edad de hielo hubo una docena de distintos tipos de perezosos gigantes en Sudamérica y Centroamérica. El Megaterio con sus seis metros es considerado como el más enorme. Este devorador de plantas no vivió en la corona de los árboles como lo hacen los trece tipos actuales de perezosos. Ellos se ergían para alcanzar su verdoso alimento. Formaciones óseas especiales en forma de placa bajo su piel los protegían del ataque de sus enemigos. Hace unos 8500 años que estos animales son considerados extintos. Sin embargo, desde décadas no paran de llegar rumores de testigos que dicen haber observado este animal.

Cientos de testimonios de este tipo pudieron ser reunidos durante los últimos diez años por el Dr. David Oren, naturalista de Havard para el Museo Emilio-Goeldi en Belém, Brasil. Igualmente, los testigos comentan acerca del bestial hedor que sale del Mapinguari. Según datos aportados por los indios, este perezoso gigante tenía la boca en su barriga.

El Sr. Oren cree, por las descripciones, que se trata de una glándula, la cual secreta una sustancia apestosa, que asalta al sistema nervioso humano. Testigos que dicen haber matado a este animal por miedo, no fueron capaces de traer consigo una parte del cadaver fuera de la selva. El hedor era simplemente insoportable.

En marzo de 1994, el Sr. Oren fue en búsqueda del apestoso más grande del Amazonas. Ya que durante esta época del año, dijeron así los nativos del lugar, desciende el Mapinguari de la ceja de los Andes hacia la cuenca del Amazonas.

Equipados con máscaras de gas, pistolas con tranquilizantes y protegidos por diez indios, el Sr. Oren rastreó la selva durante más de un mes en el estado brasileño de Acre, cerca de la frontera peruana. Sin embargo, no se pudo suministrar ninguna prueba contundente de la existencia del Mapinguari. A pesar de todo eso, el Sr. Oren trajo consigo a casa un mechón de pelos rojos y 22 libras de excremento cuya proveniencia era desconocida.

Norman Doget, biólogo molecular del laboratorio nacional Los Alamos en Nuevo México, comprobó a través de un análisis del DNA, que el DNA del pelo se semeja al DNA de la sangre de los perezosos actualmente con vida. Escépticos, como el paleontólogo Malcolm Mckenna del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, afirma que el resultado del examen no proporciona ninguna prueba de la existencia de la pereza gigante. Por eso, pudiese solamente ser deducido que la muestra proviene de algun tipo de subespecie de su clase.

Si algún día logran comprobar la existencia del Mapinguari, sería sólo una sensación para los zoólogos. En el humbral del nuevo milenio el hombre ha tomado conciencia de muchas cosas como que nuestro planeta si es más grande que lo que muchos pensaban.


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