ed 12/2014 : caiman.de

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[art_1] España: Don Carmelo y Cayetana en el Camino de Santiago
Capítulo Veinticinco: Una subida durísima y un monólogo de Calderón declamado en vano
Etapas: [25] [24] [23] [22] [21] [20] [19] [18] [17] [16] [15] [14] [13] [12] [11] [10] [9] [8] [7] [6] [5] [4] [3] [2] [1]
 
25 de Junio de 2013. Hoy conseguimos partir temprano, a las 5 y media, la luna llena aún domina el cielo encima del valle de Villafranca del Bierzo, cuando dirigimos nuestros pasos a la dirección hacia el oeste. Para la primera mitad de nuestra etapa de hoy que nos llevará hasta La Faba hay dos opciones bastante diferentes: o eligimos un sendero de diez kilómetros siempre al margen de la Carretera Nacional 6 (cómodo pero algo horrible) u once kilómetros de "Camino Duro" (al principio extremadamente empinado y todo el contrario de cómodo por la subida, pero con vistas románticas).

Ayer por la tarde preguntamos a nuestros hospitaleros en el Albergue de peregrinos de Villafranca, cuál de los dos caminos nos recomendarían.

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Normalmente nos decidimos a favor de impresiones románticas, pero las descripciones detalladas del grado de dificultad del "Camino duro" y las advertencias escritas como comentario en un indicador nos asustaban. El resultado de nuestra pregunta nos sorprendió. Mientras que la chica nos recomendó seguir la carretera por el sendero "llanito", su marido nos miró un momento y luego dijo: "Sois capaces, tomad mejor el camino duro, las vistas son espectaculares…"

Y allí está, cuesta arriba ante nosotros a la luz difusa de la alborada. "Esto no es ningún camino, es  una cucaña – sin asideros!", así resume mi acompañante Cayetana, aún media dormida, su poca motivación y su primera impresión al descubrir este sendero montañoso, por el que se sube saliendo de Villafranca hacia el noroeste. La verdad es que se presenta tan empinado que asusta. Son las 6 de la mañana y los primeros rayos del sol iluminan las cumbres. Cuando estamos todavía dudando si intentarlo o no, dos peregrinas bajan de nuevo después de un vano intento, tambaleando y resignándose,una de ellas con lágrimas de rabia y decepción, la otra murmura (en alemán) "mierda” e "imposible". Nos miramos mutuamente, dudando pero también con la ambición evocada, y al final nos lanzamos a la aventura de esta subida. Llevando una mochila resulta definitivamente imposible mantenerse en pie subiendo por aquí.

Nos agarramos a las estacas al lado del camino como si fueran asideros de una cucaña, mientras que subimos los primeros metros. Luego seguimos a cuatro patas por el sendero pedregoso, a veces resbalando un par de metros hacia atrás. "Espero que nadie nos pueda ver así, pareceremos completamente bobos", está jadeando Cayetana a mi lado. En menos de dos kilómetros subimos desde 500 hasta casi 900 metros sobre el nivel del mar. La cuesta nos parece interminable. Pero finalmente llegamos a un punto donde el sendero es casi llano y miramos hacia abajo, empapados de sudor, sin aliento, pero orgullosos de haber superado esta subida durísima. El sol saliente ilumina el valle de Villafranca, allá en el abismo, y pronto hará desaparecer la luna llena que dominaba el cielo que está cambiando su color de morado oscuro a azul celeste. Las vistas son sobrecogedoras: al sur el triángulo del valle de Villafranca, y al oeste, en el abismo, los túneles de la autopista. Nos miramos sonriendo, muy felices de no haber elegido el camino cómodo, porque allá abajo cientos de camiones que pasan sin cesar nos molestarían con su ruido.

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Aquí arriba sólo hay canto de pájaros y muchas mariposas. Y cuando empieza a hacer calor, un bosque muy bello de castaños nos da sombra y frescura. En este bosque animado encontramos a Catherine y Magdalene, dos peregrinas de Irlanda, las que caminan a un ritmo muy rápido, y a Gabriel de Valencia, quien aparentemente anda sin ambición de batir algún récord. A pesar de ritmos tan distintos formamos los cinco brevemente una frágil unidad de destinos. Llegando a un cruce de caminos en medio del bosque de repente flechas amarillas indican a ambas direcciones. Discutimos cuál será la dirección verdadera. Al final llegamos a la conclusión que el camino hacia el noroeste (a la izquierda) será el único. Muy probablemente, la otra flecha hacia la derecha llevará a los peregrinos a algún bar en Pradela. Y no pocos seguirán ese indicador falso y caerán en la trampa. Lamentablemente, ese tipo de engaño por desviar a los peregrinos del Camino debido a motivos comerciales no es un caso aislado, sino un fenómeno cada vez más frecuente. Es fácil pintar una flecha amarilla en alguna piedra y atraer así clientes para su hotel o restaurante.

Ahora salimos del bosque y tenemos que concentranos durante la bajada por un sendero lleno de cantos rodados. Catherine encabeza bravamente nuestra fila al bajar y le advierte a Gabriel (el último de la fila): "Bueno Gabriel, si yo me caigo, me caigo solita. Pero si tú te caes, caeremos todos juntitos al abismo como fichas de dominó." Gabriel parece muy nervioso debido a tanta responsabilidad. Sin embargo, todo va bien, sin efecto dominó, aunque casi todos resbalamos más de una vez. Después de llegar a Trabadelo, como recompensa de tal paliza, vamos al Café del Albergue de peregrinos para tomar una "Tarta de Santiago". Con nueva energía, caminamos por un valle pintoresco lleno de bosques y prados verdes con muchas vacas.

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Durante la próxima subida a La Faba, nuestro destino para hoy, le cuento a Cayetana que en el Albergue de peregrinos de ese pueblo, reabierto por una hermandad alemana de Suabia, existe una regla muy interesante: el que sepa declamar el poema de un poeta suabio, podrá pernoctar gratuitamente. Como yo había estudiado literatura española, he trazado el plan de sorprender a los hospitaleros suabios con una obra del gran Calderón de la Barca: con el monólogo más famoso e importante de la historia de la literatura española, el del príncipe Segismundo al despertar de nuevo en la carcel en "La Vida es Sueño" (drama filosófico estrenado en el año 1635). A Cayetana le gusta mucho esa idea y para practicar voy declamando los versos del monólogo un par de veces, aunque cada vez más jadeante, porque el sendero cuesta arriba por un bosque muy oscuro también es empinado y además resbaladizo y lleno de bostas de caballo.

Finalmente llegamos al albergue. Sucios como estamos nos colocamos ante la pareja de hospitaleros alemanes que da nun número de cama a cada peregrino que llega, después de haber cobrado 5 Euros. Pregunto si la promesa de una pernoctación gratuita al declamar un poema sigue válida y cuando afirman muestro actitud teatral. Como si estuvieramos en un teatro al aire libre, empiezo a declamar en español los magníficos versos barrocos del genial Calderón y el sol del atardecer me ilumina como si fuera un foco en el escenario. Los suabios sentados en sus sillas parecen cada vez más nerviosos e impacientes, ya que el monólogo de Calderón es bastante largo y yo lo celebro solemnemente, sin ver ninguna razón para acelerar mi declamación. Después de lanzar el último verso al cielo ("…que toda la vida es sueño/ y los sueños sueños son…"), Cayetana y dos españoles a su lado aplauden, pero los dos suabios me miran rígidamente y uno de ellos me dice: "Como usted sabrá, la cama gratuita sólo la ofrecemos si alguien sepa declamar versos de un poeta suabio – y en su caso aparentemente no fue así." Cayetana, enfurecida, pone las manos en jarras y susurra: "Hay que ver lo tacaños que son esos suabios. ¿Cómo se atreven aquí? ¿Acaso estamos en Suabia? Además: no tienen un poeta tan chulo como nuestro Calderón, por eso nos tendrán envidia." (Me gusta su súbito interés por la literatura, aunque confieso dudar mucho que Cayetana haya conocido este monólogo antes del día de hoy).

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Después de pagar los 5 Euros y antes de entrar en los dormitorios, los hospitaleros advierten de que existan dos salas estrictamente separadas para hombres y mujeres. Por ello me llevo una sorpresa, cuando sólo quince minutos más tarde una invasión de mujeres, entre ellas Cayetana, aparece en la sala de tíos. Cayetana encoge los hombros, pone su mochila en la cama de arriba y comenta: "Acaban de anular la separación de géneros, porque la sala de tías ya está totalmente completa."

A las 8 y media de la tarde nos encontramos en la Capilla y participamos en la misa y oración de peregrinos. Silencio profundísimo. Todos intentan a meditar a su manera, más o menos exitosa. De repente el sonido del móvil de Cayetana rompe el silencio sacro – es la melodía de "Ojos Así" de Shakira! Desesperadamente, la chica busca en el caos de su mochila para encontrarlo, pero suena casi todo el refrán, antes de que pueda apagarlo. Cayetana se ha puesto roja como un tomate madurísimo y murmura una disculpa. El monje sonríe con indulgencia (parece conocer también la canción de Shakira) y pregunta a la pecadora del móvil, si sabe inglés y si estaría dispuesta para una leve penitencia. Cayetana, mudita, afirma con la cabeza  – ¿tendría otra opción? Como castiguito, el monje le da el encargo de traducir las impresiones de los peregrinos de habla inglesa al español y las palabras de su sermón al inglés. "Qué trabajo, por Dios", dice después de la misa.

Ya son las 9 y media y como nuestro albergue cierra sus puertas a las 10 de la noche, la cena está en peligro. Ya no queda tiempo para el menú de peregrino de tres platos, así que pedimos un potaje de lentejas en el único bar de La Faba. En sólo diez minutos comemos una cantidad asombrosa. Luego los habitantes del pueblo se entretienen con nuestra carrera al albergue – donde llegamos tres minutos antes de las 10 (mirada rígida de la hospitalera suabia). Esta noche Cayetana no se acuerda de haber soñado algo. Pero escucho como habla estando durmiendo: "…toda la vida…al final sólo es sueño…" Viva Calderón!

Texto + Fotos: Berthold Volberg

El monólogo de Seguismundo de "La Vida es Sueño" de Calderón.

Recomendaciones y Enlaces:
Etapa de Villafranca a La Faba: 24 kilómetros

www.ccbierzo.com

Alojamiento en La Faba:
Albergue de peregrinos de la hermandad alemana () de Santiago "Ultreya", al lado de la Capilla de San Andrés (muy emotiva misa de peregrinos celebrada por un monje franciscano a las 20 horas) Tel. 630-836865: cocina, calefacción, lavadora, terraza. Acogida amable. Cama: 5 Euros. Quien sabe recitar un poema de un poeta suabio (I˙y sólo suabio!), obtendrá cama gratuita. Cierre a las  22.00 horas.

Gastronomía en La Faba:
El Bar del pueblo (no tiene nombre, es que sólo hay uno, en el otro lado del pueblo opuesto al Albergue de peregrinos): Menú de peregrino, tres platos para 10 Euros, cantidades generosas, recomendable sobre todo el potaje de lentejas, trato muy amable.

Iglesias:
Capilla de San Andrés en La Faba:  entrando en el pueblo a la derecha, construida en el Siglo XVIII, un templo sencillo con espadaña. En el Siglo XX se encontró en un estado ruinoso y fue restaurada por la hermandad alemana (suabia) "Ultreia".

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