ed 11/2015 : caiman.de

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[art_4] España: Una excursión por el bajo Almanzora, Almería
 
Nuestra ruta comienza en el pueblo de Cuevas de Almanzora, municipio del norte de Almería a poco Km del mar que, entre otras maravillas, posee aún una gran cantidad de casas cuevas, muchas de ellas de orígenes medievales.


Aprovechan los materiales blandos sedimentarios para excavarlas y mantener en su interior una temperatura constante. La fuerte desforestación (junto a su escasas pero torrenciales lluvias típicas de la gota fría) erosionan fuertemente estos materiales, creando los típicos bandlands o conjuntos de cárcavas.

A apenas dos Km surge un desvío hacia la rambla de Juncalí. El lecho, habitualmente seco, nos enseña una de zonas más típicas de este paisaje subdesértico.


Vemos, por ejemplo, la capacidad de arrastre que pueden tener estas ramblas en momentos de lluvias torrenciales; sólo hace falta ver el tamaño de las piedras que logra arrastrar.


En sus bordes, utilizando la humedad residual que queda en sus zonas profundas crece una auténtica maraña de vegetación, toda ella xerófila (aclimatada a la falta de lluvias) como adelfas, azufaifos, pitas, chumberas...

El camino va ascendiendo lentamente hasta que nos encontramos con una zona de invernaderos, no sólo de hortalizas sino también de cítricos, como podéis ver en las fotos.


Una vez pasados nos encaminamos ya directamente hacia la montaña (La Sierra de Aguilón).

El camino abandona la rambla (que comienza a convertirse en una estrecha torrentera) y, en medio del espacio desértico nos encontramos con un pequeño oasis de palmeras y eucaliptos formado por un afloramiento de aguas subterráneas (una surgencia) que abastece también la Fuente Álamo desde antiguo.

Tras un breve descanso a su sombra, la subida es costosa. El suelo es pedregoso, formado por rocas sedimentarias y metamórficas. Llama especialmente la presencia de pizarras, entre sus esquistos hay rastros de filones de estaño y cobre.



Una vez concluida la subida el panorama es asombroso. Estas tierras yermas de clima mediterráneo extremo, con cabezos que nos hablan de fuertes erosiones y una planicie ganada al mar por la lenta sedimentación de las montañas cercanas.

Al fondo, el río Almanzora no se ve pero se intuye por todos los grandes cultivos de regadío que verdean en el paisaje.



Sin embargo, lo mejor aún está por venir. Sólo hace falta mirar hacia abajo y encontrarnos con uno de los principales yacimientos de la cultura del Argar, del que hablamos en este artículo.

Texto + Fotos: Vicente Camarasa

Para saber más:
https://vicentecamarasa.wordpress.com/

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