ed 11/2013 : caiman.de

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[art_1] España: Don Carmelo y Cayetana en el Camino de Santiago
Etapa duodécima: Por los Montes de Oca, el "techo de Castilla"
Etapas: [11] [10] [9] [8] [7] [6] [5] [4] [3] [2] [1]
 
Martes, 28. De Agosto de 2012. A las 6 horas y media de la mañana. Dorados por la luz del sol saliente los primeros campos de Castilla se extienden ante nuestras miradas aún cansadas, nos acompañarán con su monotonía majestuosa durante los próximos más de trescientos kilómetros. Pasamos la frontera entre la Rioja y Castilla y encontramos el primer indicador que presenta todo el recorrido – desalentadoramente largo – del Camino de Santiago por el corazón de España, formado por la estepa más grande de Europa que caracteriza las etapas casi infinitas que los peregrinos tienen que aguantar hasta llegar a los verdes Montes de León y el valle paradisíaco del Bierzo.

"Esa conquista hay que empezar despacito", como ha dicho mi joven acompañante Cayetana, así que nuestra etapa para hoy sólo consiste de 17 kilómetros hasta Belorado, casi un recreo después de las dos últimas etapas bien largas por la Rioja. Caminamos cantando y sin prisa por los campos de trigo ya cosechados.

El silencio matutino se rompe casi regularmente por señales de bocina de un camión gigantesco que va por la cercana carretera nacional y cuyo conductor obviamente tiene la ambición de saludar a cada peregrino para animarle.

"Bueno, ya puede tocar la bocina constantemente, como el Camino está lleno de gente", comenta Cayetana riéndose. Es que a pesar de la hora temprana no vamos solos hacia el oeste – docenas de peregrinos marchan como formando una procesión por la senda que promete el Cielo, dirección a Belorado.

Y aunque caminamos bastante rápidamente (Cayetana ha bautizado nuestro estilo de andar, no sin orgullo, "al compás de bulerías"), de repente se nos adelanta una vieja mujer muy canija y con cara de muy mala leche, la que dirige su mirada no al paisaje, sino al suelo al avanzar con un ritmo militar. Su cara parece la de la Esperanza Aguirre al borde del desmayo por falta de azúcar a pocos metros de terminar un maratón. "¿Vamos a tolerar a ésta?", pregunta Cayetana y ya la persigue para adelantarse de nuevo a ella. Pero en este momento un campesino con su burrito cruza el Camino y viene hacia nosotros. Al pasar la corredora de maratón con cara de Aguirre le dice al pobre campesino – en alemán! – las palabras de condena: "Falsa dirección!" Cayetana y yo nos miramos riendo. Es muy probable que el campesino no busca el Camino de Santiago, sino simplemente la senda más corta a su campo. Ahora se nos han quitado las ganas de adelantarnos a la corredora, ya que nos parece loca y podría reaccionar de manera peligrosa, si alguien osara adelantarse a ella. Pronto se desvanece como un punto diminuto en la inmensa meseta castellana.



Finalmente, poco después de las 11 de la mañana llegamos a Belorado. Como nuestro albergue todavía está cerrada, nos sentamos en el Café "Bulevar" y pedimos muchos dulces para recuperar calorías perdidas – Cayetana se come dos cruasantes de chocolate y Colacao con azúcar extra. Durante la primera vuelta por Belorado quedamos asombrados al mirar muchas casas en ruinas, de algunas sólo quedan la puerta de entrada y el número y se presentan así como monumentos que simbolizan la fragilidad de todas las cosas humanas. Pero la bella Plaza Mayor de Belorado, con sus árboles que dan sombra y con banderas que representan todos los países de Europa está llena de vida.



Al llegar poco después de las 12 de la mañana al Albergue de peregrinos "Cuatro Cantones", ya hay cola de gente esperando. Una buena señal de la calidad de este albergue. Delante nuestra en la cola está un joven muy moreno que tendrá entre 20 y 30 años y lleva una camiseta de North Face y gafas de sol muy fashion. Cayetana me da un empujón y dirige mi atención hacia el moreno. Pasará lo inevitable: ella se enamorará de nuevo para un día y medio. Se llama Javier, trabaja de jardinero (por eso está tan bronceado) en Barcelona. Ya se ha lanzado para iniciar una conversación muy animada con él. Me juro que esta vez no me voy a meter en sus asuntos amorosos. Ahora nos saludan los hospitaleros, una pareja muy simpática, hermano y hermana, que tendrán veinticinco años más o menos. Lo organizan todo, hasta la cocina del restaurante. Nos muestran las camas, la lavadora y el bello jardín (con piscina!). Un auténtico oasis después de la primera caminata por la estepa castellana.



Mientras que estoy metiendo nuestra ropa en la lavadora (apenas nos ha quedado nada limpio para ponernos), Cayetana ha desaparecido. Por muy comunista que sea, en la casa de sus padres en Cádiz ella no tiene que preocuparse por cosas tan profanas como lavar la ropa, para tales deberes sus padres han contratado a una sirvienta.

A Cayetana la descubro – como no – en la piscina y naturalmente al lado de Javier, el que está apoyando su torso musculoso en los codos. La conversación gira alrededor de su tatuaje. En su hombro derecho tiene tatuado su signo del zodíaco, un sagitario. Cayetana dibuja con sus dedos los contornos de su tatuaje en su piel bronceada y dice en este momento al nuevo objeto de su adoración: "Oye, tío, tu piel es tan suave como aceite de oliva…" Basta ya! Me vuelvo atrás, siguiendo el lema "comer bien es el erotismo del hombre viejo" y disfruto de un almuerzo muy bueno. Las natillas caseras con canela son como una caricia culinaria.

Miércoles, 29 de Agosto de 2013. El próximo día al amanecer Cayetana espera en vano a Javier y al final acepta su nueva soledad sin demasiadas quejas. Wir vermuten, dass er schon vor 5 Uhr morgens los marschiert ist. Las páginas de nuestro guía anuncian "subidas muy duras y penosas"  a los Montes de Oca para llegar a San Juan de Ortega. Dejando atrás Villafranca, en efecto la primera subida va por una cuesta muy empinada, pero después de menos de 2 kilómetros estamos ya encima del "techo de Castilla" y luego quedan subidas y bajadas bastante moderadas. "¿Eso ya fue todo?", pregunta Cayetana, habiendo temido una subida más terrible.



Aliviados seguimos caminando por un bello paisaje de landa con aislados robles majestuosos. Después de un par de kilómetros, el paisaje se presenta más monótono y dominado por densos pinares, por cuyas tinieblas el Camino se mueve como una serpiente luminosa hacia el oeste. Desde lejos ya vemos el único pueblo en medio de esa soledad agreste: San Juan de Ortega. El templo románico-gótico de San Juan de Ortega es famoso por su belleza austera y por muchos milagros.



Desde siglos no sólo lo visitan los peregrinos que van a Santiago, sino muchas mujeres de esa región, cuando su deseo de ser madres no se haya cumplido. También la Reina Isabel la Católica se arrodilló aquí en el año 1474 delante del sarcófago del Santo, para pedirle el nacimiento de un heredero para su trono, el que de hecho nació poco después. No sé si Cayetana se puede concentrar aquí para dedicar una oración al cumplimiento de un deseo. Sea como fuere, sí dedica mucho tiempo a divertirse de lo lindo al contemplar los monstruos cornudos de un retablo lateral los que atacan al San Juan de Ortega.



Dejando atrás San Juan de Ortega, caminamos unos 4 kilómetros más por sendas del bosque hasta llegar al pueblo de Agés, donde viven apenas cincuenta almas.



Sin embargo, hay una iglesia bastante bonita con su espadaña y su retablo dorado como Dios manda. Después de visitar el templo y meditar brevemente una vez más, hay que satisfacer urgencias mucho más profanas como una hambre dramática que nos lleva al único bar de la aldea. Necesitamos ahora una buena cena para reponer las calorías perdidas durante las subidas de hoy. Ningún problema, ya que Castilla, sobre todo la región de Burgos es famosa como "el territorio de la morcilla". Nos traen un montón de pan, la sartén llena de morcilla y una botella de tinto de la casa. Cuando ya ha comido ávidamente más de la mitad de la morcilla, Cayetana de repente empieza a temer que para crear esa morcilla "quizás un par de cochinillos tiernos hayan tenido que dar su sangre". Deja caer los cubiertos para pedir otra botella de tinto – para producir ese vino al menos no tenían que morir animalitos, así se justifica encogiendo los hombros.



Estamos a punto de subir al dormitorio, cuando nos detienen cuatro peregrinos sentados en la mesa al lado de la puerta de entrada. Se trata de dos mujeres jóvenes y marchosas de Zaragoza y de dos hombres de unos cincuenta años de edad. Nos invitan e insisten que nos sentemos con ellos para celebrar la entrada en Castilla. En su mesa quedan restos de platos de carne y como "postre" acaban de pedir aún más morcilla, la que van a compartir con nosotros. El resplandor eufórico en sus ojos (como en los nuestros!) es prueba de que hayan tomado bastante más que una copa del buen tinto de la región que no es exactamente ligero. Y ya viene la última botella. Sigue la orgía culinaria de la morcilla, el Camino no es para ascetas.

Como en el simposio de Platón, así también en esta aldea castellana empiezan las discusiones filosóficas después de la cena. Las chicas de Zaragoza, tan simpáticas, creen haber observado que en el Camino que lleva a Santiago se puede encontrar a muchas personas que son creyentes y están movidos por el anhelo de acercarse a Dios, pero se sienten tan ignorados y hasta menospreciados por la Iglesia oficial, y a la vez atraídos mágicamente por el Camino: divorciados, solteros, gays y lesbianas y en general muchas mujeres.

Ahora el hombre de Zaragoza – ¿quizás un sacerdote viajando de incógnito? – levanta la mano izquierda en un gesto solemne y pronuncia de repente las siguientes palabras, las que Cayetana y yo vamos a guardar para siempre: "Este Camino por el que vamos a Finisterre es un Camino de los que buscan, no un Camino de los fariseos que dicen haberlo encontrado todo y mantienen tener las llaves del Cielo en sus manos burocráticos. Aquí en nuestro Camino no manda la Iglesia de Roma, sino la Iglesia de Dios, y ésa la formamos todos nosotros. Todos los que quieran descubrir verdaderamente a Dios, siguen este Camino…" – "Olé", susurra Cayetana afirmando y levanta su copa.



Al levantarnos la mañana siguiente con el cielo aún oscuro, todavía tenemos resaca y sentimos el frío que aquí a más de mil metros de altura puede reinar incluso en agosto antes de la salida del sol. Sin desayunar nada, nos lanzamos a la subida penosa (a nosotros nos parece bastante más dura que la de Villafranca) que lleva a la cumbre de Matagrande. Mirando atrás a los Montes de Oca, sale el sol detrás de la cruz que marca la cumbre de Matagrande. Al pie de la colina donde se eleva la cruz, una colina formada por miles de piedras traídas por los peregrinos de sus patrias, he colocado una piedra pequeña de Colonia y Cayetana lanza allí un guijarro de una playa de Cádiz. De repente me pregunta mi joven acompañante, rompiendo el silencio matutinal: "¿Y ahora ya todos los pecados están perdonados?" Bueno, tan fácil no va la cosa, quería responder. Pero al descubrir el resplandor puro en sus ojos llenos de entusiasmo, prefiero no decir nada y afirmo con la cabeza.

Es que no estoy preparado a meterme en una discusión teológica con una chica de 22 años sin haber desayunado siquiera. La máquina digital de fotos de Cayetana, la que ya había anunciado durante los últimos días que pronto iba a llegar su muerte técnica, definitivamente dejó de funcionar en este monte sacro. La foto que muestra la salida del sol en la cruz de Matagrande es la última que salió y encima de la cruz aparece una gran sombra difusa y enigmática que ya anuncia el estado defectuoso de su máquina. Al descubrir más tarde aquella sombra en la foto, la denominará "la sombra de Dios".

Texto + Fotos: Berthold Volberg

Recomendaciones y Enlaces:
Etapa de Grañón hasta Belorado: 17 Kilómetros
Etapa de Belorado vía San Juan de Ortega hasta Agés: casi 29 Kilómetros

Alojamiento:
en Belorado:
Albergue privado de peregrinos "Cuatro Cantones" (muy recomendable!), Calle Hipólito López Bernal, Tel. 947-580591 o 696-427070; correo electrónico: cuatrocantones@hotmail.com
Página web: www.alberguecuatrocantones.com

En el centro de Belorado, dirigida por una pareja encantadora de hermanos, acogida muy amable (horario 12 – 22 horas), ese albergue es un oasis con un jardín bonito y piscina, hay cocina, lavadora y secadora, servicio de lavar. Cama sólo 5 Euros. Hay también desayuno, así como restaurante que ofrece almuerzo y cena (véase abajo).

Gastronomía
en Belorado:
Recomendable: Restaurante  del Albergue de peregrinos "Cuatro Cantones" (también abierto para peregrinos que pernoctan en otros albergues, y para turistas): menú de peregrino que incluye pan y vino 10-12 Euros, muy bueno (p.ej. crema de verduras, potaje de alubias y flan o natilla casera)

Aparte también hay restaurantes en la Plaza Mayor, p.ej. "Bulevar".

Alojamiento
en San Juan de Ortega:
Albergue del Monasterio de San Juan de Ortega (Tel. 947-560438): Sencillo albergue tradicional (sin calefacción); Cama 5 Euros

Alojamiento
en Agés:
Albergue municipal de peregrinos "La Taberna", C. del Medio 21, Tel. 947-400697 o 660-044575. Albergue con lavadora y secadora, Internet, tienda y Bar/Restaurante. Cama 8 Euros.

Gastronomía
en Agés:
En el Bar del Albergue de peregrinos "La Taberna". El menú de peregrino: 10 Euros.

Iglesias:
Iglesia Santa María en Belorado:
Templo renacentista situado a la entrada del pueblo al lado del albergue eclesiástico.

Iglesia monacal de San Juan de Ortega:
edificio románico-gótico con capiteles muy interesantes y un templete gótico que guarda el sarcófago del Santo en el centro.

Iglesia de Agés:
Con bonita Espadaña y retablo mayor dorado

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