ed 10/2013 : caiman.de

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[art_1] España: Don Carmelo y Cayetana en el Camino de Santiago
Etapa Undécimo: El Gallinero dentro de la Catedral
Etapas: [11] [10] [9] [8] [7] [6] [5] [4] [3] [2] [1]
 
Lunes, 27 de Agosto de 2012. Hoy Cayetana se levanta sin quejarse antes de la salida del sol y después de salir de Nájera subiendo por una cuesta seguimos nuestro camino por los viñedos de la Rioja. Iluminados por el sol saliente, caminamos por un paisaje ameno, marcado por colinas de viñas y pequeños bosques, y poblado por nubes de mariposas.



Sólo la última parte del Camino se nos hace duro, porque al llegar la calor de mediodía, las mariposas desaparecen y nubes de moscas nos atacan durante la bajada a Santo Domingo de la Calzada. Aquí se encuentra el Albergue de peregrinos más antiguo de todo el Camino. Pero la mayor razón de quedarse en ese lugar en el oeste de la Rioja es otra:  aquí hay que descubrir uno de los tesoros de arte más grandes del Camino. La Catedral de Santo Domingo de la Calzada incluso supera el templo del Monasterio de Nájera en belleza monumental, aunque su exterior a la primera vista parezca un poco decepcionante – exceptuando el bello campanario barroco, con sus 70 metros el más alto de la Rioja. Es que la fachada manierista no armoniza bien con el templo gótico-románico. Pero los tesoros que guarda su interior causan un estupor inesperado.



El magnífico retablo mayor atrae todas las miradas, está generosamente dorado y formado por cuatro cuerpos de gran altura. Se trata de una obra del genial escultor renacentista Damian Forment (1480 – 1540) de Valencia. Mirando ese universo poblado de miles de figuras, imaginamos que el maestro  habrá dedicado la mitad de su vida a crearlo todo, hasta que – con su obra gigantesca casi acabada – murió el día de la Navidad de 1540 con la gubia en sus manos.



Ese retablo mayor iguala – no en tamaño – pero sí en su calidad escultórica tan espectacular a los retablos mayores de las tres catedrales más grandes de España (Sevilla, Toledo, Burgos). Cada escultura es una obra maestra, rodeada de seres fabulosos. Impresionan especialmente las estatuas del Evangelista San Juan con el águila a sus pies y San Sebastián, destacando por su expresividad viva y un dinamismo que parecen anticipar ya el Barroco.



El peregrino que va a Santiago ya sabe antes de empezar  que las famosas catedrales  de Burgos o León son de las más bellas del mundo, pero los que no han leído mucho antes de lanzarse al Camino  – como Cayetana – quedan contemplando boquiabiertos esa maravilla dorada y altísima en la Catedral del pueblo riojano de Santo Domingo, para descubrir miles de detalles fenomenales.



Ese templo guarda muchas obras de arte de primera categoría: retablos góticos con ciclos de pinturas que muestran la Pasión de Cristo, una Anunciación elegante con el Arcángel Gabriel y la Virgen María, tallada en alabastro, y si dirigimos la mirada hacia arriba descubrimos rostros grotescos y enigmáticos en los capiteles y las bóvedas formadas por grandes estrellas de piedra. En el año 1513 han construido en el centro de la catedral un pequeño templo gótico, un santuario que encierra el sepulcro de Santo Domingo (1019 – 1109).



Ese santo de estatura hercúlea quiso entrar como monje en un monasterio, pero como no sabía leer, no lo aceptaron. Así que se convirtió en un eremita, retirándose para vivir en los bosques. No fue exactamente un gran intelectual, pero se convirtió en un Hércules santo, quien dedicó su enorme fuerza física a mejorar el Camino para los peregrinos. Levantó un puente para los peregrinos de la Edad Media, taló el monte para abrir un camino por los Montes de Oca, y cuentan que estranguló toros salvajes tan sólo con la fuerza de sus brazos.



"Muy simpático este Santo", resume Cayetana llena de fascinación después de escuchar todas las leyendas de Santo Domingo. Su milagro más famoso siempre será recordado por una institución única en el mundo: İun gallinero el el centro del templo! Es que en el Siglo XIV una familia de peregrinos alemanes pasó por el pueblo de Santo Domingo y la hija del hospitalero se enamoró locamente del hijo adolescente de los alemanes. Pero como ése no correspondía a su amor, el amor se convirtió en cólera y por venganza escondió un cáliz dorado en su mochila, para poder acusarlo de ladrón. Lo condenaron a muerte, llevándolo a la horca. Cuenta la leyenda que Santo  Domingo salió de su tumba, siendo invisible, para apoyar al cuerpo del joven desdichado e inocente para mantenerlo vivo. Cuando la gente, llena de asombro, se lo contó al juez que había condenado al joven, ese funcionario cómodo y mimado, enfadado por haber sido molestado durante su almuerzo, llegó a gritar: "İEse chaval será tan vivo como la gallina asada aquí en mi plato!" En aquel momento la gallina asada se levantó de su plato, volando por la ventana y después de ese juicio de Dios, el joven peregrino fue indultado y pudo seguir su Camino a Santiago. Así se explica el refrán español: "Santo Domingo de la Calzada, cantó la gallina después de asada."



Desde 600 años el gallinero gótico ofrece casita  para un gallo y una gallina dentro de la Catedral. Los protectores de animales no deben preocuparse. Esos animales domésticos no están aquí encerrados por toda la vida en ese lugar sacro, sino cada mes trae un "relevo", para que cada gallina de Santo Domingo obtenga el privilegio de la santidad. Dicen que va a traer buena suerte a un peregrino si canta el gallo mientras la visita en la Catedral. Lamentablemente, en nuestro caso, el gallo perezoso ni se mueve. "İMonstruo!", lo condena Cayetana  y lanza una mirada de gitana mala hacia el gallinero, al salir de la Catedral.

Antes de seguir el Camino por el infierno de la Siesta, tenemos que recoger nuestras mochilas que habíamos dejado en la consigna de la Catedral, donde las guardan dos abuelitas encantadoras. Para despedirnos, una de ellas nos canta una canción medieval que trata de un peregrino que se enamora durante el  Camino. La otra quiere convertirse en Celestina y propone en serio presentarme a las dos (!) guapas holandesas que acaban de llegar ahora. Para cambiar de tema, regalamos un par de estampitas de Sevilla a las dos abuelitas. La mayor de ellas muestra una sonrisa muy contenta al contemplar el rostro de la Macarena y luego mantiene con toda seriedad, que esa Virgen de Sevilla  de vez en cuando llore lágrimas de sangre y que durante su última procesión el público haya roto dos varales de su palio, y por ello se haya caído el techo.  Me parece que la pobre esté mezclando muchas cosas  y a lo mejor lo confunda con El Rocío (o en el peor caso haya visto demasiadas veces "Ben Hur"). Pero una procesión de Semana Santa no es ninguna carrera de carros y que yo sepa durante  400 años nunca rompieron el palio de la Macarena. Pero mejor no discutir ese asunto ahora y partir sin más demora.

Dos kilómetros detrás de Santo Domingo nos adelantamos a dos mujeres que tendrán sesenta años, ambas llevan mochilas grandes. Una de ellas me habla en italiano, me regala una sonrisa casi provocadora, como si estuviera en un coctel para solteros y no en un campo de trigo ya cosechado. Pasamos rápidamente.  Después de una caminata fatigosa por unos campos desiertos y sin sombra finalmente llegamos a Grañón, donde nos espera  un  Albergue de peregrinos especialmente sacro – se encuentra dentro de la iglesia del pueblo.  Las salas altas dentro de la torre ya están completas, así que podemos poner nuestros sacos de dormir  en la capilla lateral.



Al atardecer los hospitaleros preparan juntos con los peregrinos una gran cena  (similar como la en la "Casa de las sonrisas" de Arrés – véase Caiman- 2/2013). Por casualidad o por lo que sea, la italiana marchosa de avanzada edad que ya me había dedicado una sonrisa poco santa, se encuentra en la silla a mi lado. Y sin perder un segundo, entra a atacar. Es que no me deja comer. No estoy seguro si ella entiende o no mis breves respuestas en español (había intentado en vano a explicar que no entendía italiano). Parece que le da igual, ella me inunda con un torrente de palabras que circulan encima de mi plato a una velocidad de Ferrari. Su sonrisa allá en el campo de trigo ya era escandalosamente prometedora, ahora pone manos a la obra. De repente empieza a acariciar mi bíceps, luego me toca en la cadera, empieza a susurrar palabras desconocidas las que no entiendo gracias a Dios, y al final su atención se dirige a mi nuca. De vez en cuando se puede leer algo sobre acoso sexual sufrido por mujeres  durante el Camino – pero como aprendí aquel día, también hay casos contrarios. Los que me conocen saben que no soy ningún mojigato, pero eso ya es demasiado. Primeramente, odio que alguien me moleste durante la comida, y segundo, tengo que admitir que una dama que tendrá casi veinte años más que yo definitivamente no pertenece a la categoría de seducciones que podría poner en peligro seriamente mi voto de castidad. Con un movimiento lento pero riguroso tomo ahora su mano, quitándola de mi nuca y llevándola a su tenedor. Cayetana, habiendo observado toda la escena con creciente divertimiento, ahora revienta de risa, lanzando un buen trago de tinto y manchando así un metro cuadrado del mantel.



Después de la cena, gracias a Dios, reina la espiritualidad. Primeramente, el párroco carismático de Grañón celebra con nosotros una de las misas de peregrinos más auténticas de todo el Camino. Después nos invita a todos a participar en la meditación para la que nos reunimos en el coro alto de la bella iglesia del pueblo. Estamos sentados en penumbra. Las únicas fuentes de luz son el resplandor dorado del retablo mayor allá abajo y una vela que pasamos de mano en mano en nuestro círculo. Tomando la vela de llama inquieta, cada uno puede hablar espontáneamente de sus esperanzas y de lo que espera encontrar en el Camino. Aquí también es un lugar adecuado para describir una experiencia crucial del Camino para compartirla con los demás.

Intento a explicar en palabras pobres aquel momento tan emocional en la mágica Capilla de Eunate (véase Caiman 5/2013). Una peregrina francesa empieza a cantar con voz angélica una canción de Taizé ("Dans les obscurités..." ). Y Cayetana – empieza a hablar con la voz muy baja, casi tímidamente susurrando, pero al final declama muy decididamente y con voz rebelde: "¿Por qué la Iglesia no puede ser siempre como aquí en este momento? Sencilla y cordial en vez de burocrática y fría. ¿por qué no nos dejan ser Iglesia todos juntitos en vez de uno solo  lanzado su sermón monótono desde el púlpito? ¿Y por qué a los Cardenales les sigue gustando jugar a la Inquisición y condenar, en vez de abrazarnos a todos con amor como lo hiciera Jesús?" A modo de subrayar su sermón breve pero apasionado  abraza ardientemente al joven inglés a su lado, el que parece un poquito asustado. Ella se apura a explicarle que ése ha sido un abrazo "místico".

Durmiendo en la Capilla de Grañón, de noche Cayetana sueña que ella es Maria Magdalena y va caminando con una vela ardiente por las tinieblas de un desierto nocturno. Tiene que subir un monte muy alto. En la cumbre está una puerta detrás de un arco de piedra, delante de la misma, sentado en un trono y llevando un manto de púrpura, espera San Pedro y quiere impedirle la entrada. "No has de decirme nada, porque YO llevo la luz!" pronuncia María Magdalena Cayetana y pasa por la puerta.

Texto + Fotos: Berthold Volberg

Recomendaciones y Enlaces:
Etapa de Nájera vía Santo Domingo hasta Grañón: casi 28 Kilómetros

Alojamiento en Santo Domingo de la Calzada: Albergue de peregrinos de la "Cofradía del Santo", Calle Mayor 42, Tel. 941-343390: la más antigua de todos los albergues tradicionales del Camino se encuentra en un palacio medieval restaurado que dispone de cocina e Internet, cama: donativo

Gastronomía en Santo Domingo de la Calzada:
Recomendable: Restaurante "Mesón Los Arcos", Calle Mayor 68, Tel. 941-342890
Restaurante con buen menú de peregrino (12 Euros) y – como no en la Rioja – con un muy buen tinto de la Casa (Señorío de Uñuela)

http://www.lacalzada.com/#
http://www.santodomingodelacalzada.org/contenidos.php?sec=2

Alojamiento en Grañón: Albergue de peregrinos dentro de la Iglesia de San Juan Bautista, en las plantas de la torre y en la capilla lateral; cocina, cena común. Aquí los peregrinos cenan juntos y se reúnen para la meditación en el coro alto después de la misa de peregrinos. Un albergue muy acogedor y auténticamente cristiano. No hay precio oficial pero conviene dejar un donativo, hay que pensar en financiar la cena y desayuno – para sí mismo y para los demás, ya que la comida no cae del Cielo. Ese Albuergue me ha ofrecido uno de los momentos más inolvidables del Camino y el trabajo de los hospitaleros voluntarios que se dedican a organizarlo todo, es admirable.

Gastronomía en Grañón: en el Bar "Teo" enfrente de la Iglesia, allí también se obtiene el sello de Grañón.

Iglesias:
http://es.wikipedia.org/wiki/Catedral_de_Santo_Domingo_de_la_Calzada
www.catedraldomingo.es


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