ed 10/2010 : caiman.de

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[art_4] España: Gil de Siloé en la cartuja de Miraflores
El alabastro se vuelve cera
 


Probablemente de origen extranjero (como era tan habitual en los finales del gótico castellano como Juan de Colonia, arquitecto con el que colaborará, al igual que su hijo, tanto en la catedral como en esta Cartuja de Miraflores).



Este origen del norte puede acaso explicar ciertas influencias flamencas (en el hiperrrealismo de sus detalles) como de Claus Sluter en la Borgoña en sus famosos encapuchados

Realmente su obra fue tan inmensa como irregular, debido en gran parte al numeroso taller que supo crear en torno a suyo.

Sin embargo, en estas obras que comentamos, la mayor parte son de su mano, como rápidamente iremos descubriendo en sus detalles.

Una de las obras fue el sepulcro de Alfonso (hermano de Isabel I, la Católica). Para ello recurre a una iconografía bastante novedosa, la de donante. Frente a la típica composición recostada, en el sepulcro (como siempre ocurre en Gil de Siloé) vemos aparecer ideas ya renacentistas, como la lectura o la importancia del individuo.

Si nos acercamos más encontraremos cómo la filigrana gótica, típicamente flamígera, se une a una corona de laurel que cuelga de su espalda, ya tan renacentista.

Pero lo que más nos llama la atención es la capacidad para el detalle y la textura en un material tan complejo como el alabastro. Sólo hace falta ver algunos detalles para darnos cuenta de ello (y del significado profundo que tiene: el de la riqueza como un signo de distinción, algo sumamente cercano al mundo del Gótico Internacional).



De ese mismo gótico nos llega una de sus figuras emblemáticas: San Jorge (San Miguel) y el Dragón, ya para entonces un puro topos literario de una caballería en pleno trance de extinción.



La segunda obra es el sepulcro exento de Juan II y su esposa Isabel de Portugal, padres de la reina Católica. Aquí se recurre a un tipo aún más novedoso: el túmulo exento frente al altar (como luego serán los de los reyes católicos en Granada).



En él volvemos a encontrar este mundo en tránsito entre el último gótico y el primer renacimiento.

Elementos del primero serán la colección de virtudes o ese gusto por lo anecdótico, así como la proliferación de escudos.



Novedades renacentistas las podremos encontrar en los putti numerosos, incluso aquel que retoma el tema de Hércules luchando con el león.

Para que nos demos cuenta del eclecticismo de la época fijémoslo en este caballero medieval (y su canon goticista), acompañado por putti.


Y para terminar, una pequeña curiosidad que ya muchos autores han notado. El gusto por el horror vacui, la decoración excesiva, a menudo calada que es típica del mundo del gótico flamígero coincide en fechas con el mundo nazarí. ¿Coincidencia o un arte de postrimerías?



Texto + Fotos: Vicente Camarasa

Para saber más:
http://sdelbiombo.blogia.com

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