ed 09/2011 : caiman.de

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[art_3] España: Crónica del viaje a París de ¡Túmbala!
 
Con ocasión de la 35 reunión anual del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO en París, en Junio de este año (por problemas políticos, se decidió trasladar la reunión, prevista en Bahreim, a la sede de la UNESCO, en París.), en la que por tercera vez consecutiva se trataría el tema del impacto de la construcción de la Torre Cajasol sobre los bienes de Sevilla inscritos en la categoría de Patrimonio de la Humanidad, el colectivo ¡Túmbala! decidió aportar su contribución al buen hacer de los representantes del Comité, mediante su presencia en la calle durante los debates del fin de semana.



De esta manera se trataría de hacer más patente nuestra preocupación creciente (el edificio comienza ya a alzarse en el horizonte) sobre este espinoso tema. Un tema sobre el que la UNESCO ya se había pronunciado en las dos reuniones anteriores (2009, en Sevilla y 2010, en Brasilia), recomendando la paralización de las obras hasta la redacción de un informe de evaluación, que será elaborado específicamente por una misión reactiva.

Como ya sabemos, las obras prosiguen como si nada y la misión reactiva no se ha llevado a cabo aún (A finales de Mayo de 2011 ¡Túmbala! escribió una carta a la Directora General de la UNESCO para informarposible.).

Personalmente me costó trabajo tomar la decisión, pero algo con mucha fuerza me empujaba en el sentido positivo, así que me decidí finalmente. Una vez tomada la decisión, pasé varios días cavilando y “echando cuentas” ante este evento autogestionado (ya se sabe, la autogestión va directamente al bolsillo del auto-gestor o auto-gestora).

Así pues, el día 24 nos embarcamos los cuatro mosqueteros-tumberos, con absoluta paridad de género (dos niños y dos niñas), rumbo a París-Orly: un viaje “relámpago” en un avión lleno de chiquillos que con toda ilusión se dirigían a Euro Disney.

Sabíamos que dos días antes de nuestra llegada a París (la reunión había comenzado el Lunes de aquella semana.) el Comité ya se había pronunciado  sobre el asunto, con el típico tono tibio al que nos tiene acostumbrados. No obstante apostábamos a que nuestra presencia en la calle constituiría sin duda un elemento de impacto y de influencia, aunque fuera con posterioridad a la redacción de la recomendación.

Con esa determinación, al día siguiente de nuestra llegada, muy temprano nos dirigimos en un rápido paseo hacia nuestro objetivo: la puerta de la UNESCO (un edificio un tanto extraño, en un lugar algo desangelado y frío). Allí, con la Torre Eiffel de fondo, desplegamos todo nuestro atrezzo: la pancarta (elaborada de forma manual), “escapularios” (fotos plastificadas para colgar del cuello), folletos en varios idiomas e incluso un disfraz de Martirio, que fue lucido con mucho garbo por una servidora.

A medida que iban entrando, independientemente de la marcha (parsimoniosa o ligera), todos los asistentes a la reunión miraban la pancarta, expresando sorpresa (a modo de “¿Quién c... son estos spanish people?”) o curiosidad (a modo de “qué simpáticos estos spanish people”). Prácticamente todo el mundo accedió a coger la información que una servidora, con un refinadísimo “Bonjour, Monsieur/Madam”, les ofrecía.

Algunos, más concienciados y cercanos, nos mostraban su apoyo con un ‘I agree with you’ (¡qué simpáticos los tíos, como si lo único que tuvieran que hacer es mostrarnos su conformidad con nuestra postura!) y creo recordar que al menos un par de personas se acercaron a hablar con nosotros, entre ellas una encantadora señora de ICOMOS México. Pudimos escuchar incluso un comentario acerca de “la cutrez” del informe presentado por el Ayuntamiento de Sevilla, llamado también “Informe Montaner” (por cierto,  personaje conocido por toda la sevillanía como “El arquitecto del Régimen” y que tiene en su haber obras tan “modernas y rompedoras como el Abades-Triana ” –desde luego rompedora de la vista de la Giralda desde la calle Betis-). Como ya se ha publicado, el grado de pasotismo del informe es tal que en el mismo sólo se menciona la torre una sola vez, al final. La conclusión es que la torre no tiene impacto, claro.



En un momento dado salió el jefe de seguridad a decirnos que no pusiéramos nada en las vallas y a preguntarnos sobre nuestras actividades (ya se sabe, cualquiera que se manifieste en estos tiempos es un anti-sistema sospechoso de terrorismo). Una tumbera se aprestó a darle una sesión de “palique sevillano elegante”, entregándole además todo tipo de información para que vieran que los “spanish people from Seville” éramos gente civilizada. Para custodia y seguridad de los asistentes (no fuera a ser que sacáramos un Kalashnikov), durante toda la mañana hubo gente de seguridad vigilándonos (con un momento de receso por parte de uno de ellos -el que tenía más tipo de guardaespaldas- para rascarse sin disimulo una parte sensible de su cuerpo), lo cual daba algo de grima (yo, por si acaso, no le había dicho nada a mi madre sobre el motivo de mi repentino viaje a París, por si  acabábamos metidos en el trullo, acusados de terrorismo patrimonialista).

A partir de las once fueron apareciendo los cuatro miembros del Coro Si-Bemol que se habían prestado voluntarios para acompañarnos con sus canciones. Pensábamos que iban a estar un rato, y se pasaron ¡tres horas! cantando enérgicamente (incluso en canciones en español de recio tono obrero-campesino): con su ayuda la puesta en escena adquirió una intensidad y una emoción inusitadas. Hubo incluso quien se brindó a repartir folletos, luciendo doble escapulario.

Gracias a su música y a su buen humor nos fuimos animando y calentando: justo en el momento de la salida de los delegados/as, comenzamos todos a cantar “Andaluces de Jaén”.

Aquello fue el momento cumbre: algunos representantes asiáticos nos hacían vídeos, otros, también asiáticos, nos fotografiaban (“¡Pero qué arte tienen estos spanish people!”). Para mí lo mejor de todo, lo que verdaderamente dio sentido a todo el viaje fueron las caras de vergüenza de los representantes del Ministerio de Cultura del Reino de España: no sabían a dónde mirar, haciendo el papelito de saludarnos con caras azoradas. Una representante incluso intentó hacer mutis por el foro, pero hete aquí que su movimiento fue interceptado por un tumbero que fue corriendo en pos de su señoría.

Rematamos la peoná de cuatro horas en un bar español cercano que descubrimos por casualidad, invitando a nuestros queridos si-bemoles a cerveza, jamón y queso.

Después de habernos solazado en el bareto, y habiendo decidido que el trabajo ya estaba terminado y que no seguiríamos aquella tarde, partimos hacia el Campo de Marte a echar una pequeña sobada.

A título personal, una vez liberada de mi disfraz de Martirio y sin comprometer al grupo, quise homenajear a mi querida UNESCO con un pequeño corte de mangas al aire parisino.

El resto de la tarde la pasamos recorriendo la ciudad y haciéndonos fotos con la pancarta en sitios emblemáticos. Acabamos el día a las diez de la noche, comiendo en un restaurante- vegeta, cerca de Notre-Dame.



Al día siguiente volvimos a casa, con la alegría del deber cumplido y del mucho cachondeo vivido, cosa fundamental en estas lides.

Texto + Fotos: Carmen Manzanilla

Agradecimientos:
  • Al Doctor V., nuestro colaborador de Colonia, por haber traducido parte de la información al alemán: ¡un besazo!.
  • A nuestro colaborador-repartidor del Coro Si-Bemol: merci beaucoup!.
  • Al Coro Si-Bemol por su cariño y energía: Merci beaucoup, beaucoup, beaucoup!

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