ed 08/2012 : caiman.de

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[art_1] España: El Rostro humano de lo Divino
El Arte Sacro del Escultor Francisco Romero Zafra
 
Córdoba, Sábado Santo del 2011. Venimos de Sevilla, donde pasamos la Semana Santa, inundada de lluvia, como la mayoría de las veces en los últimos años. Afortunadamente, hoy no está lloviendo y el camino a pie desde la estación por el casco antiguo de Córdoba al taller del imaginero Francisco Romero Zafra en la Calle Anqueda se convierte en un paseo romántico, pasando por la Plazita del "Cristo de los Faroles" y por una escalera debajo de una "avalancha" de  Bougainvillea de color púrpura al lado de la Capilla de Nuestra Señora  de la Paz y Esperanza.



Los pasos por el laberinto de callejas de Córdoba llevan a sumergirse en meditaciones acerca de los pasos de la humanidad por las épocas de la historia. Es que "la capital de la Europa del Siglo X" respira una grandeza intemporal. Aquí no hay prisa, aquí los hombres, con su sabiduría heredada de siglos, se toman tiempo para los momentos bellos y las cosas realmente importantes de la vida. En Córdoba, el tiempo no es un segundero que avanza sin piedad, sino más bien una fuente que murmura con un ritmo sereno, un ritmo que surge de la tierra misma. Por ello, existe una ley natural (igual que en Sevilla y toda Andalucía): no llegar nunca completamente puntual a una cita o entrevista, porque parecería descortés, un pequeño ataque contra el ritmo impasible del tiempo que se refleja en las fuentes. Así que nos da tiempo a visitar la Iglesia de Santa Marina, antes de tocar el timbre de la puerta del taller de Romero Zafra.

Y se abre el telón para un escenario lleno de imágenes que nos arrastrarán, dejándonos maravillados y espontáneamente decido dejar aparte mi catálogo de preguntas elaboradas para la entrevista. Córdoba, la ciudad de los califas, es la capital española de los filósofos (Seneca, Ibn Ruschd y Maimonides, sólo para llamar a los tres más importantes), en esta ciudad de los pensadores uno no hace una entrevista, sino participa en simposios filosóficos.

El Maestro, sonriendo simpáticamente, nos abre la puerta a su mundo, un escenario habitado por esculturas de Cristos, ángeles y Vírgenes con bellos rostros llenos de lágrimas. Romero Zafra se dedica al arte sacro, sus "clientes" suelen ser parroquias y conventos, pero sobre todo Hermandades religiosas entre Cádiz y Salamanca, que le encargan esculturas para protagonizar sus procesiones durante la Semana Santa. Y en este momento siento la misma conmoción que ya me causó profunda admiración en la Semana Santa del 2007, al descubrir en un rincón místico de la Iglesia del Santo Ángel en Sevilla por primera vez una de sus creaciones: la Virgen de los Siete Dolores. El rostro inundado de lágrimas de esta Virgen me impresionó de tal manera, que la puse en la portada de mi libro sobre Sevilla.



Como muchas otras de las Reinas del Cielo creadas por Romero Zafra tiene los ojos azules. "Es un capricho estético, yo creo que los ojos claros pueden ser más expresivos, hay más matices", comenta el escultor, "pinto puntitos de distintos colores y reflejos de luz…" – "Por eso pueden parecer quizás más enigmáticos…", añade Vicente, un profesor de arte de Madrid, que me acompaña para realizar esta "entrevista".

Ya nos encontramos en medio de una conversación acerca de la importancia fundamental de la mirada de una estatua. Romero Zafra define su intención: "Una escultura debe respirar y tener una mirada viva. El Cristo de Pasión, de Martínez Montañés, por ejemplo, está tomando aire. Para mí es importantísimo que una escultura respire y vea. Cuando al contemplar una estatua de repente crees que ésa te mira a tí personalmente..." – "Entonces el escultor ha logrado su intención", añade Vicente.

Bueno, a nosotros nos parece que el imaginero de Córdoba siempre lo consiga fácilmente. Pronto conquistó un público totalmente fascinado por sus Cristos esbeltos de mirada misteriosa y sus Vírgenes bellísimas con esos ojos hipnóticos y lacrimosos que se han convertido ya en una marca de sus obras. Romero Zafra,  nacido en el año 1956, empezó como autodidacta y llegó muy tarde, a la edad de 34, a convertirse en escultor al presentar con éxito la Vírgen de las Lágrimas para un concurso de escultura en Córdoba. Antes había trabajado 13 años como viajante de joyería y queda una huella de esa actividad en su "firma artística": todas sus Vírgenes llevan una diminuta peineta de metal que muestra como una rúbrica sus letras iniciales FMZ junto a la M de María – un detalle "muy andaluz".

Desde 1990 ha tallado muchísimas esculturas para Hermandades, conventos y templos en toda España, desde La Orotava en Tenerife, pasando por Córdoba y Sevilla hasta Salamanca. Entre ellas destacan obras geniales – aparte de la ya mencionada Virgen de los Siete Dolores sobre todo dos  estatuas majestuosas del "Cristo Resuscitado" (Pozoblanco 1995, Martos 2004), la trágica "Virgen de la Amargura" (Guadix 2002), los ángeles para el famoso Museo de Salzillo en Murcia, los "Despojados" de Cádiz y Salamanca, para su pueblo natal La Victoria cerca de Córdoba la agonía dramática del "Cristo de la Expiración" (2002) y para el Obispado de Córdoba el Cristo en su iconografía original del "Sagrado Corazón" (2011). Delante de un telón de amarillo dorado nos presenta su obra más reciente, un Cristo crucificado, acabado tan sólo un par de días. De tamaño natural, lleno de sangre y marcas de tortura, este Salvador muerto y con los ojos cerrados parece estar colgado en el aire.



Su cruz le espera en algún templo. Siniestramente, los tornillos grandes que le fijarán a la cruz han roto sus manos. "¿Puedo tocarlo un momento?", pregunta Vicente. "İSí claro, es tocable!"  Me atrevo a comentar: "Tocar a Dios es un privilegio que tendrán muy pocos…"

Le pregunto a Romero Zafra, si toma modelos reales y vivos como fuentes de inspiración para sus Cristos y Vírgenes. Sonriendo nos responde: "Sólo a veces para figuras secundarias, pero nunca para un Cristo o para la Virgen Maria…es que la Virgen no me gustaría encontrarla luego en la calle…"

Conversando sobre el proceso de la creación de sus obras y los distintos pasos hasta acabarlas, el maestro dice que necesita 3 o 4 meses en total para una imagen grande y nos explica: "El modelado es la creación, los otros pasos sólo sirven para acentuar lo que está ya creado. Pero al modelar ya veo los colores con los que quiero pintar luego la escultura". La policromía sólo es una medida, quizás la más importante ("con la que puedes cargar o engrandecer una obra"), pero hay mucho más detalles que contribuyen al resultado final: la presentación de una imagen que evocará la devoción. Con una sonrisa pícara el escultor nos muestra toda una gama de "trucos" – tradicionales o inventados por él – para lograr que sus esculturas sean más espectaculares: brazos articulados con tornillos para sus Vírgenes, detalles para acentuar los ojos, pedestales de madera, escondidos debajo de las vestiduras de las Dolorosas, simulan estatuas macizas y hacen que la imagen sea más ligera para llevarla en un Paso. Mientras que la última medida es bastante tradicional y frecuente desde el Siglo XVII, para reducir el peso de los Pasos, otros detalles han sido inventados por Romero Zafra.



Una característica de su arte por la que conocedores ya identifican una obra suya, son los ojos de sus esculturas. Vicente no se cansa en afirmar que a él le siguen fascinando completamente los ojos de sus imágenes. Son de una expresividad viva e inquietante. Le digo que a mí los ojos de sus esculturas me recuerdan los ojos de Cristos o Santos en las pinturas del Greco. Destacan por un brillo muy especial, una mirada lacrimosa tan viva, que uno piensa que en el próximo momento va a salir otra lágrima. Romero Zafra nos cuenta cómo se puede lograr este efecto del resplandor misterioso de los ojos. Después de policromar los ojos tallados, añade varias capas de barniz de cerámico, y para crear las lágrimas de sus Dolorosas utiliza una barrita de laboratorio de vidrio que se calienta y se tira para formar las lágrimas.

Al notar la sorpresa que nos causan esos detalles inesperados, corrobora: "Sí, probando hemos evolucionado y llegado hasta aquí, hay que probar métodos nuevos – también lo hicieron los maestros del Siglo de Oro en Sevilla y Granada. Siempre han evolucionado: Mesa hizo lo mismo que Montañés, pero de distinta forma." Y refiriéndose a la actualidad del arte sacro en España, Romero Zafra comenta: "Como en el Siglo XVII, Sevilla todavía marca mucho. El problema es que ahora en Sevilla esté casi todo hecho, aunque se están creando nuevas cofradías. Pero en Sevilla, desde siglos están acostumbrados de tenerlo todo en casa - ¿cómo van a salir fuera? Sin embargo, recibo muchos mensajes de cofrades sevillanos diciéndome que quisieran ver una imagen mía en La Campana…"

Vicente y yo subrayamos que finalmente nos encantaría también ver entrando una de sus esculturas en un Paso en la Semana Santa sevillana. Discutimos un poco llegando a la conclusión que no sólo cofradías nuevas deberían acordarse del arte innovador de Romero Zafra, sino también algunas de las cofradías antiguas que tienen alguna imagen cuya calidad expresiva no está a la altura de la importancia de la hermandad…



Una de sus obras más logradas – aparte del Resuscitado de Pozoblanco (que el maestro mismo considera su mejor escultura hasta el momento) y del Resuscitado de Martos (la obra suya que más me gusta a mí) es el Cristo Despojado para Cádiz. Cuando el Domingo de Ramos de 2009 fue llevado por primera vez en una procesión por las calles de la ciudad portuaria, esta escultura espectacular causó tal sensación que luego muchas hermandades le pidieron "una copia" de esa obra maestra. "Entonces surge el problema de no repetirse como autor, es decir responder con una iconografía similar, pero de distinta forma", comenta el escultor. Así llegó a terminar otro "Cristo Despojado" para un templo en Salamanca – en la misma línea iconográficamente, pero algo más "expresionista" que el Cristo de Cádiz. (A mí personalmente me gusta más el de Cádiz, parece más orgulloso y más andaluz). Ríéndose su autor nos cuenta algunos de los comentarios del público que escuchó durante la  procesión del Domingo de Ramos en Cádiz ("de lo guapo y bueno que estaba el Cristo").



"¿Qué es lo que sientes cuando ves por primera vez procesionar a una de tus imágenes?", quiere saber Vicente. Romero Zafra sonríe: "Sí, ésa es la pregunta de todos que siempre suele surgir. Bueno, mucha emoción y mucho miedo. No sólo miedo de que mi estatua no pueda gustar a la gente, sino aún más miedo de que no me vaya a gustar a mí. Es que la imagen está hecha para montarla en un Paso, para ser llevada por la ciudad. Y hasta que no llegue a la iglesia y se monte en un Paso, hasta que no la veas moviéndose a la luz del día o a la luz de las velas en la calle, no puedes estar seguro de haberlo logrado. Al observar la reacción y sentimientos de los espectadores, cuando puedes ver que la gente llora, ésa sí es la prueba de haberlo logrado - İeso es lo más bonito, es el pago real!"

Eso es cierto y  Vicente comenta: "Sí, la Semana Santa es arte vivo fuera de Museos." Tomando esa idea, expreso mi convicción que el arte sacro de la Semana pueda lograr algo que la Iglesia actualmente ya no consigue: arrastrar y fascinar a multitudes, incluyendo los ateos, para que al menos por momentos lleguen a sentir un arrobamiento espiritual y una idea de lo divino y de la eternidad que quizás andaban buscando en vano. Menciono el ejemplo de una amiga mía sevillana que se considera "por lo menos agnóstica, si no atea", pero siempre llora al ver el Misterio de Santa Marta de Ortega Bru. Romero Zafra afirma: "La unción sagrada de una imagen es imprescindible, y aunque la parte religiosa es difícil que la descubra una persona no creyente, la parte humana, la parte expresiva la ve todo el mundo, sea creyente o no. Se trata de una tragedia humana, es un sentimiento humano – y automáticamente lo divinizamos. Cuando hago una Virgen, llego a presentar una mujer sufriendo, una mujer sufriendo injustamente." Llego a añadir: "Sí, esa temática es eterna y siempre actual. Cada persona puede comprenderla – también un ateo. Otra razón del por qué la Semana Santa es tan popular y tan intemporal: nos muestra el rostro humano de lo Divino." Ese rostro se muestra especialmente vivo y sobrecogedor en el arte genial de Francisco Romero Zafra.

Texto: Berthold Volberg
Fotos: Vicente Camarasa + Berthold Volberg

Pajina web de Francisco Romero Zafra: www.franciscoromerozafra.com

Galeria de fotos:

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