ed 08/2011 : caiman.de

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[art_1] España: Ronda - el Refugio de los Románticos
  
"Inmobiliaria Rilke" - ese cartel de tamaño considerable saluda al viajero, viniendo desde Málaga, al llegar a la pequeña ciudad andaluza de Ronda (unos 35.000 habitantes). Rainer Maria Rilke (1875 - 1926), uno de los máximos poetas alemanes, pasó aquí unas vacaciones entre diciembre de 1912 y febrero de 1913, en busca de inspiraciones e impresiones exóticas.

Era Rilke uno de esos turistas-peregrinos llevados por su anhelo de encontrar "la España auténtica" y la naturaleza arcádica de Andalucía. Para muchos de aquellos viajeros místicos, Ronda se convirtió en algo parecido al Santo Grial - tanto les fascinaba este lugar casi irreal, tan retirado del mundo cotidiano como un nidal de águila por encima del abismo.

Dejando atrás el cartel profano de la Inmobiliaria, avanzo por las callejas blancas de esa ciudad que tendrá unos 2600 años de antigüedad y está situada a 780 de altura, rodeada de un paisaje de colinas y peñascos. Ya he llegado al centro de atracción, al corazón de Ronda: el Puente encima del Abismo (un abismo con mayúscula). Aunque ya había visto antes muchas fotos del enorme barranco que parte la ciudad en dos, se trata de un momento muy intenso.

Desde un puente espectacular, de unos 120 metros de altura y construido entre 1760 y 1790, se puede contemplar el fondo del barranco, el que tiene una profundidad de 160 metros. Allá abajo, una corriente de agua está reflejando la luz del sol. Como cortado por una navaja gigantesca se presenta ese tajo profundísimo, creado por el ríachuelo Guadalevín durante milenios.

El barranco separa la parte más antiguo, donde estuvo situado la Medina árabe de Ronda de los "barrios nuevos" edificados después de la Reconquista de 1485, cuando en el lado norte empezó a crecer el nuevo centro comercial ("mercadillo").

Con la construcción atrevida del Puente, el arquitecto José de Aldehuela en el Siglo XVIII logró una obra genial. Hubo un antes y después de ese puente y desde entonces Ronda es un  conjunto de arte y naturaleza, una combinación de maravilla natural (el barranco) y milagro arquitectónico (el puente que franquea el abismo).


Además es multifuncional. Durante los Siglos XVIII y XIX hubo una cárcel dentro del arco del puente: la prisión con las vistas más espectaculares de toda España. Sin embargo, los presos en el calabazo no podían gozar del panorama, la única ventana pertenecía a la residencia del guarda. Hoy se encuentra un pequeño Museo dentro del puente.

Antes de mi excursión a Ronda, un amigo madrileño quien vive cerca del Puente de Segovia, famoso por tantos suicidios, me advirtió  bromeando que el Puente de Ronda encima de ese abismo que da un vahído fuera "el sueño dorado de cada suicida". Pero la belleza de Ronda más bien invita a seguir viviendo. Y el Puente de Aldehuela no sólo inspira a poetas y pintores, sino sus vistas provocan entusiasmo también en viajeros comunes. Mirando hacia el este, podemos ver el punto más estrecho del barranco. Al lado de los Jardínes de Cuenca son apenas  20 metros que separan las peñas perpendiculares y altas como torres. Hacia el oeste, más allá de la peña gigantesca coronada por el Parador, se extiende la Serranía de Ronda.

Como todos los que visitan Ronda por primera vez, me quedaba mucho tiempo en el Puente, contemplando el paisaje andaluz. Ya por la tarde, cuando la luz cegadora de la Siesta cede a sombras alargadas y matices rojizos, sigo el consejo de la empleada amable de la Oficina de Turismo. Ella me recomendó que fuera poco antes de la puesta del sol al arco árabe que se eleva unos trescientos metros delante del Puente y la desembocadura del barranco.

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Así que empiezo a bajar al fondo del barranco, acompañado por el sol poniente y siguiendo un sendero empinado, hasta llegar al "Arco de Cristo". Un nombre no muy adecuado para una puerta de arquitectura islámica. Se trata de un resto de la muralla árabe, la única puerta medieval que queda en el lado oeste de Ronda, con un bello arco de herradura. Una ruina pintoresca en un mirador delante del paisaje urbanístico. Las vistas de la ciudad que está colgando en el cielo, encima de su trono de piedra, son magníficas y llegan a entusiasmar incluso a almas prosaicas. Aquí habrá estado en el Siglo XI Almutamid, el Rey-Poeta de Sevilla, componiendo versos, después de que su padre Almutadid haya conquistado Ronda. Fue seguido por los Reyes Católicos, también muy contentos de haber conquistado la ciudad en 1485 (sin embargo careciendo de ambiciones poeticas). Naturalmente, esos soberanos del pasado tenían que contentarse con contemplar el barranco desnudo, sin el alto Puente.

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La típica foto-postal de Ronda se obtiene al colocarse al lado del "Arco de Cristo". Desde aquí se presenta el panorama espectacular de la quebrada del Guadalevín con el Puente uniendo las dos peñas cubiertas de casas blancas, palacios e iglesias. Cuando la puesta del sol ilumina el barranco, pintando las piedras de un color entre dorado y rojizo, casi cada detalle merece una foto con esa luz patética de despedida. Pero en este momento escucho un pío nervioso - ¡se acabó la batería de mi cámara fotográfica! En mi entusiasmo por todo el escenario romántico que me rodea he olvidado controlar el estado de la batería. Ahora como mucho, me queda energía para una sola foto. Espero unos 10 minutos, hasta que la batería se haya recuperado para una última foto - en el momento justo, antes de que desaparezca del todo la luz del sol. Pronto ya no hay luz, por ello decido dejar la visita del casco antiguo para mañana.

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Es una mañana muy soleada y calurosa. Después de caminar por el barrio "Padre Jesús" estoy cruzando el Río Guadalevín en el lado este de la ciudad. El antiguo Puente árabe es diminuto comparado con la gigantesca construcción de Aldehuela. Estoy caminando por el Paseo Chechauen al lado de las murallas árabes (Siglo XIII), completamente conservadas en el este de la ciudad, para llegar al punto sur del casco antiguo. Allí, en el Barrio Alto, detrás de la Puerta de Almocábar me espera en una colina la Iglesia renacentista del Espíritu Santo. Las fachadas del templo parecen bastante austeras y hay pocos elementos decorativos. El interior de la Iglesia sorprende con bóvedas muy ricas y esculturas de gran belleza en sus capillas, como la de un Cristo Yacente, realmente impresionante. Al lado derecho del templo se encuentra la torre, apenas más alta que la nave del templo. Pero al subir a la torre, hay buenas vistas a las murallas y almenas que protegieron el sur de Ronda.

En el único lugar donde posibles conquistadores pudieron encontrar acceso a la ciudad sin tener que subir a peñas de 100 - 160 metros de altura, los soberanos musulmanes erigieron el baluarte de la Puerta de Almocábar con dos torreones semiredondos como atalayas y tres arcos por los que entraron los que vinieron con intenciones comerciales y pacíficas y no como conquistadores. Hoy parece una puerta medieval pintoresca, antaño fue un baluarte casi inexpugnable.

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Desde el Barrio Alto me dirijo ahora por la Calle Armiñán, para llegar a la Plaza del Ayuntamiento. Se trata más bien de una calleja, en ese pueblo blanco todo parece más chiquitito que en otras ciudades. Aparte del Puente, sólo la Iglesia principal tiene dimensiones ambiciosas. Entre el largo rectángulo del Ayuntamiento y un pequeño parque con naranjos, palmas y flores, se eleva la torre de Santa María la Mayor. Como lo encontramos en tantos templos andaluces, la parte inferior de la torre pertenecía al alminar de la antigua mezquita del Siglo XIII. Después de la Reconquista los cristianos añadieron un campanario octogonal con  cornisas platerescas. Santa María la Mayor se construyó en la primera mitad del Siglo XVI como templo renacentista, con dimensiones catedralicias y rica decoración interior, demostrando que Ronda también había ganado algo en el "comercio de las Indias". Llaman la atención una bellísima Inmaculada barroca, el retablo mayor, también barroco, que muestra la escena de la Anunciación, y la suntuosa cúpula soportada por columnas renacentistas.

Pero es otra característica que hace esa Iglesia muy singular: ¡tiene un "balcón"! En el Siglo de Oro habrá servido de palco para espectadores privilegiados, que contemplaron desde aquí las procesiones por la plaza o representaciones de Comedias o Autos sacramentales de Calderón de la Barca. E incluso  sin eventos espectaculares ese balcón de dos plantas resulta ideal como mirador a la Serranía de Ronda y para observar el vaivén por la plaza o mirar en frente la pomposa espadaña barroca de la Iglesia María Auxiliadora, rematada por una estatua de la Virgen.

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Como glorioso punto final de mi visita de Ronda, no eligo la muy famosa Plaza de Toros, la más antigua del mundo (1785), sino - el abismo.

Al abismo se llega pagando una entrada para la Casa del Rey Moro. En el conjunto de ese palacio, apenas nada ha quedado de su herencia mora, a pesar del bello Azulejo, diseñado por el gran pintor granadino Alonso Cano que muestra un Rey Moro con turbante. El palacio se edificó a finales del Siglo XVII y hace falta una restauración urgente, sobre todo las fachadas que dan al parque parecen casi caerse. La casa-palacio está cerrada al público, mientras que el jardín sí está abierto para visitantes. El jardín y "La Mina", una escalera subterránea que lleva al fondo del barranco. Cuatro Euros son un precio considerable para una escalera que hay que bajar y subir, lo que, por interesante que sea, también significa una paliza. Cuando recibo mi entrada, entregada por una dama distinguida, todavía no sabía que me esperaba un itinerario por un infierno dantesco.

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Es que aquí en Ronda es al revés: al principio entramos en el paraíso, un Edén donde todo parece luz, fuentes y flores, pero luego caimos al infierno. Después de pasar por la taquilla me encuentro en un jardín paradisíaco, donde brillan los azulejos de fuentes reflejando el sol como  diamantes. Abundan flores y plantas aromáticas y como siempre en Ronda, vistas magníficas, al Barrio Alto y a los Jardínes de Cuenca. Una vez acostumbrado a ese ambiente ameno, comienzo valientemente la bajada al abismo.

La escalera de "La Mina" la construyeron los moros durante el Siglo XIV dentro de un pozo de galería (restaurada en el Siglo XIX). Es como un túnel que enlaza el jardín con el fondo del barranco donde corren las aguas del Guadalevín. Hay que bajar por unos 200 escalones por un túnel que lleva zigzagueando por la oscuridad al agua. En el Siglo XIV, por esa tenebrosa escalera del infierno, los esclavos cristianos tuvieron que subir grandes jarras con agua desde el río al Palacio del Rey Moro. Ahora no llevo una jarra pesada, sino sólo una ligera mochila muy pequeña y la cámara , pero al bajar por esa escalera subterránea siento una compasión inmensa con cada esclavo que jamás subió por aquí para llevarle agua al Rey.
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Los primeros escalones voy saltando como si fuera un niño travieso, pero de repente me doy cuenta de que la iluminación es cada vez más escasa, mientras que los escalones parecen más altos y completamente irregulares. Hace un minuto, he llevado gafas de sol para amparar mis ojos de la luz cegadora, y ahora voy tentando el camino en las tinieblas que me llevan al abismo. De repente se adelantan unos jóvenes guiris con mochilas, locos de alegría, comentando algo como "auténtica iluminación medieval" - ¡para en el próximo momento caer juntitos media docena de escalones al oscuro vacío! Así su alegría pronto se convirtió en disgusto. Aunque su destino ya me ha enseñado a moverme cautelosamente, dos minutos más tarde también doy un resbalón, teniendo suerte de que no se haya roto mi cámara fotográfica. Con cada paso, las tinieblas en el túnel se hacen más intensas, de todas partes de la escalera se escuchan gritos de turistas caídos. Hay que ir tentando con el pie para averiguar la longitud y profundidad del próximo escalón, a veces se trata de diez centímetros, a veces se encuentra medio metro más abajo. Cuando mis ojos ya se hayan acostumbrado a la profunda oscuridad, puedo observar escenas divertidas. Grupos enteros de turistas se apoyan mutuamente al bajar por la escalera al abismo y de repente una cadena humana de cuatro está cayendo tres escalones abajo como si fueran fichas de dominó. Llenan el túnel de voces y ecos, una mezcla de risas nerviosas y gritos enfurecidos, dependiendo de la intensidad del dolor provocado por las caídas. Cuando finalmente veo abajo la luz de la salida y me apuro en llegar, caigo por segunda vez, desgarrando mi vaquero encima de la rodilla, donde también descubro una herida.

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Saliendo de nuevo a la luz del día, las vistas sobrecogedoras desde el fondo del abismo a las paredes de las rocas de 120 metros de altura que parecen caernos por encima serán la recompensa del túnel de tinieblas. ¡Pero ahora, ya empapado de sudor, tengo por delante la subida por esos mismos 200 escalones de ese túnel del infierno! Con motivo de evitar una tercera caída, me arrastro a cuatro patas, lo que debe parecer bastante ridículo, pero en esa oscuridad apenas nadie lo verá. Durante mi subida puedo escuchar como la pareja que antes hablaba ilusionada de "iluminación medieval", ahora comenta que un túnel como este en Alemania ya estaría cerrado por razones de seguridad.

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Me pregunto por qué ningún turista de los EE UU (como normalmente demandan en juicio a todo el mundo) ha tenido la idea de entablar demanda contra la ciudad de Ronda. Bajar por "La Mina" no sólo es una aventura, sino realmente peligroso. Ese laberinto subterráneo parece una trampa para turistas. Quien sobrevive y llega de nuevo, jadeante y empapado de sudor, al jardín paradisíaco, tiene tres deseos: Luz, una fuente llena de agua cristalina para apagar la sed, y convertirse en un ángel para poder volar encima del abismo sin tener que ir por la escalera de tinieblas. No sabemos si Rilke anduvo por "La Mina", antes de escribir en enero del 1913 su famoso poema "An den Engel" ("Al Ángel"). La próxima vez que visito Ronda, entraré en la Plaza de Toros, porque torear tampoco debe ser más peligroso que bajar y subir "La Mina".

Texto + Fotos: Berthold Volberg

Recomendaciones y Enlaces:
Rainer Maria Rilke "An den Engel":
http://rainer-maria-rilke.de/100040andenengel.html

Oficina de Turismo de Ronda
Plaza de España 9, 29400 Ronda
Tel. ++34-952169311
Email: otronda@andalucia.org

Cómo llegar a Ronda:
En tren o autobús desde Málaga (o Sevilla) se llega en dos horas

Monumentos en Ronda:
Santa Maria la Mayor:
Horario: Lunes - sábado. 10.00 - 20.00 horas, Domingo 10.00 - 12.30 y 14.00 - 20.00 horas
Entrada: 4 Euro

Museo del Puente:
Horario: Lunes - viernes 10.00 - 19.00 horas y Saábado + Domingo 10.00 - 15.00 horas
Entrada: 2 Euro

Iglesia del Espíritu Santo:
Horario: Martes - sábado 10.00 - 14.00 horas
Entrada: 1 Euro

Plaza de toros:
Horario: todos los días 10.00 - 20.00 horas
Entrada: 6 Euro

Casa del Rey Moro: Jardín y "La Mina":
Horario: todos los días 10.00 - 20.00 horas
Entrada: 4 Euro

Hotel:
Ideal para los que lleguen en tren, directamente en frente de la estación de FFCC, secillo y limpio, habitación individual a partir de 25 Euros: Hostal Andalucía
Avenida Martínez Astein, 19. /Esquina Avenida de Andalucía frente a Renfe
29.400 RONDA
Tel/Fax: 952 87 54 50
correo electrónico: info@hostalandalucia.net

Restaurante:
BODEGA CASA MATEOS
c/Jerez,6
29400 - Ronda
(Málaga)
Telefono 670 67 97 62
Email: bodegacasamateos@hotmail.com
http://bodegacasamateos.blogspot.com/

Es uno de los mejores bares de tapas/restaurantes de Ronda, con buena carta de vinos y tapas  innovadoras, mezclando recetas típicamente andaluzas con influencias de todo el mundo, sobre todo marroquíes. Muy recomendables son las alcachofas gratinadas, Besonders zu empfehlen sind die gratinierten Artischocken, los pinchos de chivato, la Rosada en adobo y la ensalada con queso de cabra, y como postre bizcocho de castañas. El Gazpacho de moras con mojama, no obstante, será reservado para los más valientes.

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