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[art_1] España: Patrono del Internet
Como Sevilla perdió las reliquias de San Isidoro
 
En al año 1063 un par de caballos transportaron dos ataudes por el oeste de España. Su camino era el que siglos más tarde se iba a llamar la Vía de la Plata, de la Sevilla musulmana dirección noroeste, a León, entonces capital del Reino cristiano Castilla y León. Originalmente, los dos féretros estaban destinados para llevar las reliquias de las dos patronas de Sevilla, Santa Justa y Santa Rufina, las que habían sufrido la muerte como mártires en el Siglo III, dando testimonio de su nueva fe cristiana. Pero todo aconteció completamente distinto de lo que fue planeado. Al final de una búsqueda turbulenta de reliquias, hubo cadáveres de hombres en ambos sarcófagos.

En el año anterior, el Rey Fernando I. de Castilla y León había rogado a su vecino tributario del Sur, Rey Almotadid, que le entregara las reliquias de Justa y Rufina. Almotadid fue el soberano de Sevilla, el reino árabe más poderoso en la península después del derrumbamiento del Califato de Córdoba.  Con el motivo de conservar las buenas relaciones con el reino cristiano en el norte de la península (y para prevenir  tributos más costosos) el Rey musulmán quería cumplir el deseo de Fernando. El soberano castellano mandó unos embajadores a Sevilla,  al mando del obispo Alvito de León, a fin de obtener el tesoro de las reliquias de las mártires sevillanas para llevarlas a León. Sin embargo, los árabes tenían que admitir que ya nadie conocía el lugar donde las mártires habían recibido sepultura. Durante meses, Alvito y sus acompañantes buscaban en ruinas y en patios de mezquitas donde antaño habían estado iglesias visigodas, esperando encontrar alguna huella, alguna referencia a Santa Justa y Santa Rufina. Pero todos los esfuerzos eran en vano.

Cuenta una leyenda que en la noche antes de querer volver a León, el obispo Alvito tuvo un sueño muy extraño y perturbador.

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En aquel sueño tuvo una visión en la que le apareció un santo vestido de una túnica de blancura reluciente y una mitra. Se presentó como el famoso obispo Isidoro de Sevilla. Le anunció a Alvito, que mañana Dios le concedería la gracia de guiar sus pasos a un lugar oculto donde encontraría su tumba, para que no tendría que regresar a León sin reliquias. Pero el santo de su visión también pronunció la funesta profecía de que no volvería a llegar vivo a su ciudad natal León, porque iba a morir durante los tres próximos días. La mañana siguiente, el obispo le contó su sueño al Rey Almotadid y cuando empezaron a buscar el lugar que apareció en las imágenes del sueño, de hecho encontraron la tumba con el cadáver del gran Isidoro de Sevilla (560 - 636). Se alegraron mucho al descubrir ese tesoro inesperado, incluso más valioso que las reliquias de Santa Justa y Santa Rufina. Mientras que los castellanos celebraron una fiesta de despedida en la corte del Rey de Sevilla, de repente se cumplió la funesta profecía: falleció el obispo Alvito sin que nadie supiera la causa. Así que aparte del ataúd para San Isidoro tenían que fabricar rápidamente otro más, y los dos obispos muertos viajaron juntos a León.

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La salida de la procesión con las reliquias del genio universal San Isidoro, quien a principios del Siglo VII. había publicado sus famosas "Etymologiae", la primera enciclopedia de la humanidad, fue de gran solemnidad. También participaron muchos musulmanes y el Rey Almotadid en la ceremonia. La procesión con los sarcófagos de ambos obispos siguió la antigua calle mayor de Sevilla (hoy es la Calle San Luis) y salió de la ciudad por la puerta Bab-el-Makrina (hoy se encuentra aquí la barroca Puerta de la Macarena). Las fuentes históricas cuentan como Almotadid, soberano de la Sevilla musulmana, se inclinó al despedirse ante el sarcófago del santo cristiano Isidoro y exclamó "¡O gran hombre, ahora que nos abandonas, desde el día de hoy Sevilla valdrá menos que contigo...!"

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De esa manera la capital de Andalucía perdió las reliquias de su santo más importante en una época cuando todavía dominaron las mezquitas el panorama de la ciudad. Hoy día el sarcófago con las reliquias de San Isidoro se encuentra en la magnífica iglesia románica que lleva su nombre en León. La mayoría de sus obras han sobrevivido por los siglos y el tesoro de sabiduría coleccionada y comentada por él se difundió por todo el mundo.

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En el año 2001, el Vaticano incluso declaró San Isidoro de Sevilla oficialmente "Patrono del Internet". Sus obras, las que hoy podemos leer en cada lugar del mundo, tan sólo tocando el ratón y entrando en la red, en su época había que copiarlas penosamente escribiendolo todo a mano. Pero su enciclopedia se convirtió en el fundamento de toda manera de estudios sistemáticos. Por ello, rodeado del contínuo y rapidísimo movimiento de datos en el world.wide.web, es recomendable acordarse  de vez en cuando del primer gran coleccionista de datos y sabiduría. Especialmente durante este año, ya que hace ahora 1450 años que nació el Patrono del Internet San Isidoro.

Texto: Berthold Volberg
Fotos: Vicente Camarasa + Berthold Volberg

Fuentes: Recomendamos el libro de
José María de Mena: "Tradiciones y Leyendas Sevillanas", Barcelona 1975

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