ed 05/2011 : caiman.de

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[art_2] España: La Basílica de la Virgen de los Desamparados - Valencia
La cúpula de Palomino
 
Aunque el barroco no fue un estilo especialmente cultivado en todo el Reino de Aragón, en Valencia encontramos dos grandes muestras del mismo, una de las portadas de la Catedral (debida a Conrado Rudolf) y esta basílica de los Desamparados.

Sus trazas exteriores son sumamente sobrias, tanto en lo decorativo como en lo estructural, un gran rectágulo coronado por una linterna.



Sin embargo, todo esto desaparece al interior, con una espectacular planta elíptica con eje contrario a la entrada (al modo de San Andrés de Bernini en Roma), los frescos y el camarín, una máquina típica del barroco maduro, íntimamente relacionada con lo teatral, al poder moverse la figura en él o visitarla en soledad.

Las típicas balconadas de la arquitectura palaciega que inundan los interiores, ya utilizadas por Gómez de Mora en las Bernardas en la típica confusión barroca interior-exterior y la conversión de la iglesia en un escenario del milagro (Checa Cremades), que se potenciará con la visión de los frescos superiores.



Sin embargo, la obra magna del monumento es la gran cúpula pintada al fresco por Palomino en el cambio de siglo, 1701-1702 (anteriormente había trabajado en el inmenso fresco de los Santos Juanes, actualmente desaparecido).



Basada en una composición de anillos concéntricos que genera una fuerte perspectiva (como ya hiciera Lanfranco y antes Correggio), con influencias de Rizzi en las arquitecturas fingidas y, por supuesto, de Lucas Jordan, su maestro en la técnica del fresco que en España había tenido una existencia bastante discontinua en gran medida realizada por autores italianos (desde los que trabajan en el Escorial con Zuccaro a la cabeza, los trabajos de Colonna y Mitelli en San Antonio de los portugueses, los de Valdés Leal en Los venerables de Sevilla, los de Claudio Coello en la Casa de la Panadería de la Plaza Mayor, los de Lucas Jordán para el Salón de Baile del Buen Retiro…)



La obra culmina así una decoración puramente italiana que aún es más barroca que Rococó, con una complejísima iconografía basada en Ripa.



Nos encontramos así con un autor de enorme erudición (escribió uno de los primeros tratados españoles, su afamado Museo Pictórico) y buen conocimiento de la técnica que, en el fondo, podemos considerar como una culminación de nuestro barroco del Siglo de Oro, pues rápidamente las modas francesas se introducirán en España o las de Tiépolo en el campo del fresco.



Texto + Fotos: Vicente Camarasa

Para saber más:
http://sdelbiombo.blogia.com

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