ed 04/2012 : caiman.de

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[art_1] España: Del bloque de Cedro al Cristo
Una visita en el Taller del Imaginero sevillano José Antonio Navarro Arteaga
 
Sevilla, Lunes Santo de la Semana Santa de 2011. Pocas horas antes de que pase la procesión de la Hermandad de San Gonzalo por el Puente de Triana, en la Calle Betis se abre una puerta para nosotros que nos llevará a descubrir de nuevo y una vez más el poder enigmático de las imágenes.

Subimos una escalera para entrar en el taller del escultor José Antonio Navarro Arteaga, el que nos ha concedido el privilegio de contemplar sus obras más recientes en distintas fases de su creación. Actualmente, ya es uno de los más famosos imagineros de Andalucía, especializado en obras sagradas, y sobre todo durante los últimos 15 años, contribuyó considerablemente a enriquecer el patrimonio artístico de muchas hermandades sevillanas, andaluzas y hasta castellanas.

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Para la Semana Santa Sevillana ha creado recientemente muchas esculturas que emanan una expresividad impresionante. En el año 1997, su arte nos llamó la atención por primera vez, al descubrir su gallardo romano (el que lleva la túnica en el brazo) en el conjunto del "Paso" de la Hermandad de Las Cigarreras. Luego nos gustan mucho los bellos arcángeles para el Misterio de San Gonzalo. Su próximo rasgo de ingenio fue la estatua ecuestre del Longinos para el Paso de La Lanzada (1999) que destaca por su dinamismo increíble y puro movimiento – el caballo y su jinete parecen precipitarse por encima del espectador que mira hacia arriba. Hasta el año 2003 completó el nuevo Misterio de Las Cigarreras con cuatro atormentadores romanos de rasgos casi "expresionistas" que mostrando mímica y gestos agresivos se dedican a torturar al Salvador.

Ahora mismo el Maestro está esculpiendo un Cristo crucificado de un bloque de madera de cedro y nos recibe con gran amabilidad, la gubia en la mano y llevando su blanca camisa de trabajo. Lo primero que cautiva nuestras miradas al entrar en su taller es un relieve monumental  que muestra la escena del "Hijo Prodigo", casi de dos esculturas completas y de tamaño algo más que natural. La gran obra ya está acabada escultóricamente, pero todavía le falta la pintura, de momento sólo lleva una fina capa de yeso de blancura reluciente. Pero pronto se convertirá en el retablo de una parroquia.

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En la pared descubrimos otro gran relieve escultórico que representa Cristo como Buen Pastor que lleva un cordero en sus hombros. Esta obra ya está más avanzada, la túnica del Salvador ya está dorada, mientras que su rostro todavía muestra la blancura del yeso, esperando la pintura. Para responder a nuestras preguntas, Navarro Arteaga nos ofrece un cursillo rápido de escultura: "¿cómo llego del bloque de cedro al Cristo?". Al principio siempre hay una inspiración, la imagen interior de un rostro. Luego en muchos casos (pero no en todos) el primer paso para su realización es un dibujo (nos muestra el dibujo de la cabeza de un caballo) o un modelo en miniatura de la obra final (hay clientes que se lo piden). La parte central de la creación es esculpir la obra de un bloque de madera, seguida por lo que él llama la "parte más dura y aburrida": aplicar la capa de yeso a modo de fondo para la doradura y la pintura, con la cual la escultura obtiene su aspecto final.

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Al comienzo de la entrevista, rogándole que sus respuestas sean más bien breves (ya que había muchas preguntas), el imaginero se ríe diciendo: "I˙Bueno, depende de lo que tu llamas por breve!" Para un andaluz que habla de su arte y de la Semana Santa, sus respuestas son de una brevedad y precisión que a veces sorprende. Navarro Arteaga encontró su camino como escultor siendo autodidacta, ya a partir de los 14 años empezó a trabajar en el taller de otro artista, sin haber terminado jamás una carrera de Bellas Artes. En Sevilla,la ciudad que durante su Siglo de Oro (Siglos XVI y XVII) fue la metrópoli del arte de España y suelo patrio de los escultores más geniales de la península ibérica, tampoco es necesario. Por doquier se encuentra aquí el arte: en cada templo, en cada palacio, en cada capilla nos esperan esculturas, sobre todo sagradas, que evocan la devoción y sirven de inspiración. Y como los grandes imagineros del Barroco Sevillano, Navarro Arteaga dedica su arte especialmente a la representación de motivos religiosos.

Cuando le pregunto por las obras maestras del Siglo XVII que más admira, nombra, aparte de Martínez Montañés, sobre todo Juan de Mesa: "Ayer [Domingo de Ramos] pudimos contemplar su Cristo del Amor, una imagen portentosa que estremece. Juan de Mesa no hace sólo un alarde de maestría, yo creo que es un alarde de teología más que de maestría – una imagen que sirve para que el que la contemple tenga el deseo fervoroso de rezar." Así Navarro Arteaga consigue resumir en breves e intensas palabras la función del Arte Sacro Barroco – tanto en el Siglo XVII como en el XXI.

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Como confirmación de esa definición también sirve echar una mirada alrededor. En su taller casi sólo se encuentran obras de arte sacro – bustos, bocetos, relieves y esculturas creadas con el fin de sembrar la devoción. Delante nuestra, en una mesa hay una legión celestial de graciosas cabezitas de angelitos recién pintados que pronto se incorporarán en la saya y manto que estrenaró en el 2011  la Virgen del Rocio (Almonte), desde una esquina nos observan bustos de romanos con visajes rabiosos, futuros atormentadores de un Cristo en algún Paso semanasantero, y desde la pared nos saludan fotos de rostros de Dolorosas anegadas en llanto, cuyas esculturas ya están expuestas al culto en templos de Sevilla, adoradas por fieles, agnósticos y hasta por ateos. Al preguntarle si se sirve de modelos naturales para esculpir los rostros de sus imágenes sagradas nos contesta que "para la Vírgen María y para Cristos nunca, porque cuando contemplamos el Divino Salvador, no debemos contemplar una persona concreta, por ello el Salvador no debe mostrar un rostro conocido, ni tampoco la Virgen."

De repente, en medio de todo el arte sacro descubrimos el busto de un personaje que no parece nada santo. Además, reconocemos esa cara con la melena y la mirada punzante. Sí, es el más famoso de todos los cantaores de Flamenco, Camarón de la Isla, magistralmente tallado. Cada andaluz reconocería inmediatamente ese rostro rebelde del Rey del Cante Jondo. Aquí no está en el escaparate de un museo, sino cubierto de polvo al lado de un cazo. El comentario breve de su creador: "Lo encargaron después de su muerte, pero nadie vino a recogerlo." Desde entonces, la cara del cantaor, a quien Dios concedió demasiado pronto la gloria, parece vigilar este imperio de angelitos, Cristos y Vírgenes, siendo la única obra profana en el taller.

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Cabe preguntar por qué Navarro Arteaga a principios del Siglo XXI se dedica casi exclusivamente al arte sacro. ¿Es por su motivación religiosa o porque los clientes en Sevilla son sobre todo las hermandades católicas de la Semana Santa y las parroquias? Será por ambas razones, ya que están inseparablemente unidas. Su respuesta también subraya esa unión de emociones sacras: "Yo estoy muy metido en el mundo de las cofradías". Y nos cuenta que sólo hace tres días que salió de Nazareno con la Hermandad de "Pasión y Muerte" en Triana – un par de metros delante del Paso del Crucificado esculpido por él en el año 1998. ¿Qué es lo que siente un imaginero cuando contempla por primera vez a su Cristo andando por las calles de su ciudad? ¿Cómo percibe la reacción del público en ese teatro sacro y barroco de Sevilla? Sonríe con timidez y humildad antes de explicarnos: "Es que no podía disfrutarlo ni verle a  "mi" Cristo, porque mi cofradía es de negro y de silencio y no podemos volvernos durante la procesión. Pero sentía Su presencia. Cunado entramos en la Iglesia de Santa Ana, girando el Paso, pude verlo por un momento. Se siente algo muy complejo, inefable, no hay palabras que puedan expresarlo."

A partir del 1998, después de entregar las esculturas titulares a la Cofradía de "Pasión y Muerte" ha recibido cada vez más encargos para crear imágenes titulares para la Semana Santa, especialmente de hermandades y parroquias sevillanas: la bellísima Virgen del Mayor Dolor, una estatua de talla completa, y el "Jesús de la Esperanza", así como todas las demás esculturas para el Paso más grande de Sevilla – Jesús en el Puente Cedrón de la Hermandad de La Milagrosa – que acaba de salir por primera vez hace dos días por las calles llevado por 55 costaleros el Sábado de Pasión 2011.

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Mirando atrás, al contemplar su carrera artística, le pregunto cuál considera él mismo su obra más lograda hasta ahora – de la que más le ha costado "separarse". Sonríe casi tímidamente y después de pensarselo un par de segundos responde: "Digo una frase que no es mía pero la hago mía: mi mejor obra no está hecha, está por hacer…Como artista, tengo que estar muy crítico con mi obra. Siempre hay que buscar para mejorar y mirar dónde se puede crecer." Después de vacilar un momento, llega a añadir: "Bueno, quizás las imágenes con las que me puedo sentir – no más satisfecho – pero mejor identificado sentimentalmente son los titulares para mi Cofradía de Pasión y Muerte y la Virgen del Mayor Dolor, mi primera Dolorosa para Sevilla." Además, expresa que para Él es un gran honor que su estatua de Santa Ángela para la Catedral Hispalense ahora procesiona en el Corpus – junto a imágenes de los escultores más grandes del Barroco andaluz, como Martínez Montañés y Pedro Roldán.

Contrariamente a esos maestros del Siglo XVII, Navarro Arteaga mismo suele pintar todas sus esculturas y relieves, mientras que en el Siglo de Oro hubo una estricta separación de oficios entre escultor y pintor (p. ej. las imágenes de Martínez Montañés las pintó Pacheco, las de Pedro Roldán las pintó Valdés Leal). Si algún escultor quiso pintar sus propias obras en aquella época, se habló de "intrusismo", como subraya Navarro Arteaga. Hoy nos parece muy rara esa separación y el imaginero de la Calle Betis se presenta como un artista muy completo, ejerciendo él mismo cada paso "del bloque de cedro al Cristo", de la talla hasta la pintura para acabar su obra. Con respecto al material coincide con los escultores del Siglo de Oro. Siempre prefiere la madera de cedro, la que como demuestran las bien conservadas imágenes del XVI y XVII, "es bastante duradera, aunque eterna en nuestra tierra no habrá nada…"

Sin embargo, su arte sirve para hacernos soñar con la eternidad. El maestro tiene que seguir esculpiendo su Cristo, así que le pido una última respuesta, preguntándole: "¿Una escultura entregada es como un niño que se va de casa?"

Navarro Arteaga responde sonriendo: "Yo diría que casi al contrario, cada obra entregada englosa tu curriculum de artista. Jamás he sido egoista…así que entregar una obra no es perderla, sino es como si naciera de nuevo. Es que la obra nace en contacto con el público, con los cofrades….."

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Bueno, esperamos aún muchos "nacimientos" de esculturas suyas, porque Sevilla como ciudad del arte ha ganado mucho con sus obras.

Texto + Fotos: Berthold Volberg

Enlace: www.navarroarteaga.com

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