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[art_3] España: El Gran Poder y La Esperanza Macarena
 
El Gran Poder - Prólogo:
Negras sombras en filas infinitas
Te siguen, Jesús, como en un trance
Con pasos de sonámbulos
De repente - la sombra inmensa
De tu cruz en blancas paredes
Reina un tremendo silencio
Sólo se escuchan sonidos vibrantes
Del arpa negra de las angustias
Que surgen de lo más profundo de las almas


Canción A Jesús del Gran Poder:
Mi corazón crucificado en tu dolor
Rostro de sangre y heridas
Tus labios secos piden agua
Tus ojos acusan a los tiranos del Mundo
Tus ojos prometen el arcoiris
Que llevará al Cielo empíreo…
Esta mirada se clava
En las más hondas profundidades
En los pozos del alma
Que ése tu rostro nos persiga
Como a la mujer de Pilatos
En nuestros sueños
Hasta que te sigamos

Al mirarte, Señor, en mi garganta
Nace una dolorosa espina
Tu rostro malherido me espanta
¿A quién no mueve tu mirada divina?
¿Quién osa mirarte frente a frente?
Nadie se mueve, nadie respira
Cuando de nuevo levantas lentamente
Tu Cruz para aplacar divina ira
Y no llevas la Cruz, la vas arrastrando
Entre zarzas tinieblas pisando.
Descalzo andas por el sendero
Sientes el frío de la tierra nocturna
Como lo siente la multitud taciturna
Ahora que ya brilla el lucero

Negra desesperación te rodea
Ángeles enmudecidos, vestidos de negro
Que huyen de un vacío de desconsuelo
¿Te vas a morir sin que nadie te acompañe ?
No, una ola de devoción te va meciendo en su ritmo

Jesús – déjame entrar en el halo
De tu Gran Poder
Ilumíname que tu luz salvadora
En mí se vaya reflejando...

Soneto a Jesús del Gran Poder:
Mírame, oscuro rostro de tristeza
Muéveme que te siga mi mirada
Por tu vía angustiosa y aislada
Que andas con ánimo y firmeza.

Sopla la llama trémula que reza
Por mi fe en esta noche tan cerrada
Que añora la lejana madrugada
Hace vislumbrar un rayo de tu grandeza

Sea tu amor, Señor,
Columna de luz, que lleva al momento
De volar encima de la nube tenebrosa

Ábreme, Libertador,
La azul ventana al firmamento
Donde cantará celestura luminosa...


La Esperanza Macarena - Prólogo:
Está el aire perfumado de primavera
Desvanecidas ya las negras figuras de luto
Vuelve la Vida vuelve
Después de la Noche de tinieblas y temblores
Perfumado de primavera está el aire
Cuando apareces tú -- estela de luz
Que brilla ante un fondo de negrura
Eres tú la llave de la eterna alborada
Delante de un horizonte todavía eclipsado
Promesa del nuevo Cielo.
San Juan, heraldo primero
Te ha traído el mensaje del inmenso milagro:
Ahora sabes con certeza
Lo que siempre sabías:
Ha resuscitado tu hijo,
De nuevo sale el Sol,
Liberado de la sombra de la luna…
Verdean las heridas de la Tierra
Reflorece el Árbol de la Vida
Cúbrenos con tu manto de Esperanza
Amparando nuestros anhelos floridos
Ábrenos el dichoso Jardín,
Tanto tiempo cerrado: El Edén más allá de las lágrimas de Sión


Oda A la Virgen de la Esperanza Macarena
Debajo de tus cejas
Todavía arqueadas de dolor
Toda la tristeza del Mundo en tu mirada
Cada promesa del Cielo en tu sonrisa
Apenas visible, porque la brisa matutina
Aún no ha secado tus lágrimas
Diminutas lucecillas en la oscura faz del mundo

Una ola de plegarias encendidas
Te lleva, Heralda de la Esperanza,
Esperanza tú misma
Siempre escuchas el susurro de nuestra añoranza
Y nos respondes en una brisa irisada
De céfiro que trae ráfagas de luz.
Vuelve la Vida vuelva
Y cada alba es una sonrisa divina

Eres tú la Azucena
Que con su luz ha reconciliado
Noche y Mañana, negro y verde,
Invierno y Primavera.
Descubrimos en tu mirada enigmática
Palabras preciosas que no existen
En lenguas humanas, acaso tan sólo
En el idioma de los ángeles

Durante tres eternidades esperaba
Para ver ésta mirada tuya,
Madre, de lágrimas secadas
Que abre grietas de luz
En el manto de tinieblas
Mirada que va fundiendo
Nuestros dolores como la cera.

Al mirarte, la amargura terrenal,
El nudo en la garganta
Se convierten en un vuelo 
Que nos lleva al éxtasis radiante
Desborda el júbilo,
Inundando las calles de Jerusalén --
Éste es el momento del alborozo…
El Sol entona el himno del Renacimiento
Una danza luminosa
De blancos pétalos por el aire azulado
De añoranza

Texto + Fotos: Berthold Volberg

Versos citados del ciclo de poemas "La Eterna Alborada" de Berthold Volberg

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