ed 02/2014 : caiman.de

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[art_1] España: Don Carmelo y Cayetana en el Camino de Santiago
Etapa quince: Iglesias cerradas, almas abiertas y horizontes infinitos
Etapas: [15] [14] [13] [12] [11] [10] [9] [8] [7] [6] [5] [4] [3] [2] [1]
 
12 de Junio de 2013. Fuera hay un gallo que canta quiquiriquí, como si nos quisiera advertir que ya es la hora de partir. Es que me habría gustado estar listo ya antes de la salida del sol para empezar aquí en Hontanas, en medio de la estepa castellana, nuestra marcha de casi  30 kilómetros, la meta para hoy. Sin embargo, ahora ya son las 7 de la mañana, cuando mi joven acompañante Cayetana finalmente termina de recoger sus cosas y acaba de "boxear" su saco de dormir con la rabia de una mala madrugadora para que pueda cerrar la mochila. Al levantarse, ya podía notar con preocupación que hoy no está de buen humor. Más tarde – con su típica inclinación andaluza a exageraciones barrocas – llamará aquel 12 de Junio "el día de desastres". Bueno, al final no fue para tanto y contemplado en el reflejo difuso de la memoria, también ese día guarda muchos momentos inolvidables.

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Los primeros pasos del Camino nos llevan por sendas llenas de amapolas y campos verdes iluminados por el sol matutino. Caminando por una alameda silenciosa nos acercamos al primer monumento del día: las ruinas misteriosas del Convento de San Antón que datan del Siglo XIV. Entretanto Cayetana se ha despertado del todo. No hace falta evocar su interés pronunciando un discurso sobre la historia del arte. Fascinada por las ruinas espectaculares, empieza a tomar fotos de cada detalle de ese templo gótico sin techo. Queda mirando el portal lateral y el rosetón con el símbolo enigmático de la tau, luego se da una vuelta, ensimismada y perdida en una meditación inesperada. Al final descubre en lo alto de una muralla una diminuta amapola, iluminada por el sol.

Hoy día los grandes arcos laterales del templo sirven como decoración para coronar la carretera del Camino que cruza las ruinas. A la izquierda y derecha de la carretera, una docena de peregrinos se ha sentado en sus mochilas y mira hacia arriba las murallas y la tracería vacía del templo arruinado para meditar acerca de la fragilidad de toda obra humana, reconquistada aquí lentamente por la naturaleza que está cubriendo cada vez más los muros. Decidimos espontáneamente sentarnos también aquí para tener esa ruina romántica como panorama de fondo mientras que desayunemos. Un joven peregrino de Amberes ofrece a todos unos roscos deliciosos de anís y canela comprados en el Monasterio de Santo Domingo de Silos. Cayetana busca en su mochila a ver si encuentra una cosita en retribuición y le ofrece un resto de Mojama de Atún traída de Cádiz. Una escena que le habría gustado a Jesús: todos comparten la comida y están juntos de Camino a un destino común. Para lograr eso no hacen falta templos perfectos, aunque son más bellos que ruinas. Suben el sol y las temperaturas y poco a poco, cada uno cierra su mochila para seguir el Camino.

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En el horizonte ya aparece el próximo monumento – la ruina del castillo de Castrojeriz. Ese lugar fundado y crecido gracias al Camino de Santiago es muy probablemente "el pueblo más largo del Camino". Durante casi tres kilómetros las casas de Castrojeriz acompañan al peregrino y cuatro templos monumentales le esperan aquí en ese pueblo de la meseta castellana: Santo Domingo, San Juan, el Convento de Santa Clara y la Iglesia de Nuestra Señora del Manzano. Nos encontramos ahora delante de aquélla última que es el templo más grande y notable de Castrojeriz, erigido a la entrada del lugar. Esculpidas de piedra de color dorado se presentan la tracería del gran rosetón y las estatuas de la fachada principal del Siglo XIII. Nos habría gustado mucho visitar la Virgen del Manzano en el interior del templo. Pero lamentablemente – y eso no le gustará a Jesús – todas las iglesias de Castrojeriz se presentan completamente cerradas.  Algo desanimados, nos dedicamos a tomar media docena de tazas de café en el bar de enfrente, esperando que las puertas sagradas se abran  – aunque pronto son las 10 y media (en el horario oficial indican que abre a las 10) y la dueña del bar ya nos ha dicho que este mes no la van a abrir ningún día.

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Cayetana no quiere aceptar esa política de puertas cerradas. "Todo cerrado a cal y canto – eso no vale. Aquí habrá un montón de parados. ¿Por qué no le dan 30 Euros a alguno para guardar la llave y echar un vistazo pa que nadie vaya a robar una custodia de oro? Un lugar en el Camino sin templos abiertos es como los Reyes sin regalos…" Como todas las Iglesias quedan cerradas, nos dedicamos a un problema mucho más profano. Necesitamos dinero y ahora mismo! Eso tampoco parece fácil en Castrojeriz. En el primer cajero automático aparece el mensaje que la tarjeta de Cayetana no se acepta – ella lanza una maldición andaluza contra la pobre máquina. Y mi tarjeta de Alemania ni hablar, se trata de un banco rural y muy pequeño. Así que hay que entrar en otro.

El próximo obstáculo para hoy nos espera apenas dos kilómetros detrás de Castrojeriz. Como colocado aquí por Dios en un momento de mal humor, en medio del Camino se eleva un monte-mesa de grandes dimensiones: el Alto de Mostelares. Hay que subirlo, ya que dar una vuelta alrededor de ese monstruo significaría media docena de kilómetros adicionales. No se trata de un monte alto, la diferencia de nivel sólo es de cien metros, y la subida no es por una cuesta empinada, pero nos parece interminable. Para los 3 kilómetros de la subida necesitamos por lo menos 45 minutos. Cayetana empieza a lanzar quejidos como se tratara de un recital de soleares y se para cada cinco pasos. Y no para disfrutar de las vistas cada vez más espectaculares del paisaje, sino para lanzar sus ayes a los cuatro puntos cardinales. El sudor nos quema los ojos, el viento casi frío nos molesta, mientras que los pies y rodillas nos duelen a cada paso.

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Descubrimos detrás una peregrina que sube con un burro que lleva su equipaje. "Mira – hasta el burrito ya no puede más!" – indica Cayetana y sin embargo, espera que el mundo entero tenga más compasión de ella misma que de la pobre bestia de carga tan paciente. Finalmente llegamos a la cima y mirando al otro lado, se esparce en su monotonía majestuosa la meseta castellana hasta el horizonte lejano. Infinito nos parece el Camino desde aquí, y nuestro destino para hoy todavía detrás del horizonte. "¿ Y todo eso hay que andar todavía? ", me pregunta mi compañera en un tono acusón, como si yo fuera responsable del trazado del Camino. Durante un breve momento estoy temiendo que vaya a reaccionar con una de sus "huelgas", sentándose en la hierba. Pero después de tomar un trago de Casera de Limón, sigue caminando, dedicándome una mirada maligna. Después de tres eternidades llegamos a la aldea Itero de la Vega.

Aquí tenemos que enfrentarnos a un desastre culinario. Hasta ahora, realmente hemos tenido mucha suerte con los llamados menús del peregrino, en su mayoría han sido deliciosos y bastante generosos para 8 – 10 Euros. Sin embargo, en Itero de la Vega mejor que no nos hubieramos parado. Lo que aquí en "La Mochila" nos ponen en la mesa para 10 Euros, en comparación casi resulta descarado: el "arroz a la cubana" es un arroz seco y pegajoso sin ningunas epecias, acompañado por un poquito de Ketchup, luego nos traen papas y huevos fritos que huelen a aceite cien veces reutilizado. El "tinto de la casa" es de color oxidado, sabe como vinagre y Cayetana lo escupe en el suelo de hormigón del patio. Indignada, está a punto de gritar e intento calmarla, citando el lema "el turista pide, el peregrino queda agradecido". Pero me mira con sus ojos negros brillando de rabia: "…también siendo peregrina puedo esperar que me den algo comestible – y además lo que hay aquí en la mesa no es ningún regalo! En Sevilla o Cádiz pa 10 Euros me darían un filete de pez de espada y un vino exquisito. Es que vinagre lo echo encima de una ensalada, pero no en una copa de vino! I˙Basta!" Después de esa condena aparta empujando tanto el plato como la copa y cruza los brazos para indicar que declara esta discusión como terminada. Busca un par de cacahuetes en su mochila, mientras que yo me como todas las papas por hambre, no por gusto. Luego seguimos el Camino.

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Todas las iglesias en las aldeas se presentan cerradas. Los horizontes siguen siendo infinitos, a menudo nos dan la sensación de que no avancemos nada, porque los campos verdes nos parecen todos iguales. De repente una manada de ovejas nos cierra el Camino y los perros pastores nos dan miedo. Pero el amable pastor que nos saluda levantando su bastón, los llama al orden. El viejo pastor pasa lentamente y nos dedica una sonrisa ancha, aunque casi desdentada. Nos desea un Buen Camino, rogándonos de rezar también por él cuando lleguemos a Santiago. Otro de esos encuentros del Camino, los que sólo duran unos momentos, pero son como una dosis de nuevo ánimo y nos hacen acelerar de nuevo el paso.

Finalmente por las 5 de la tarde llegamos a Boadilla del Camino. Encontramos un Albergue de peregrinos en medio de un jardín grande y bonito. Está ya casi completo, pero la acogida es muy cordial y al final sí se encuentra una cama superpuesta para los dos.

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Mientras que yo luego me doy una vuelta por el pueblo para tomar fotos de la bonita iglesia renacentista, cuya torre está poblada por cuatro (!) nidos de cigüeñas, Cayetana se relaja de los esfuerzos del día con una copita de vino rosado en la mano, tumbada en el césped del jardín. En medio de ese oasis tranquilo aparece de repente un perro negro de dimensiones espantosas, grande como una vaca. Todos se asustan al verlo – hasta darse cuenta de que ese Cerbero es manso como un perillo faldero y sólo quiere jugar. Va de un peregrino a otro y se deja acariciar por todos. Sólo le falta ronronear como un gatito.

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En esta noche, Cayetana sueña que ella fija carteles en todas las puertas cerradas de las Iglesias del Camino con el siguiente lema escrita en rojo: "¿Por qué teneis las puertas cerradas? Dejad entrar el aire libre!"

Texto + Fotos: Berthold Volberg

Recomendaciones y enlaces: Etapa de Hontanas hasta Boadilla del Camino: casi 29 Kilómetros
www.redalberguessantiago.com
www.turismocastillayleon.com
http://es.wikipedia.org/wiki/Castrojeriz

Alojamientos:
Alojamiento en Castrojeriz: Albergue privado de peregrinos "Casa Nostra", Calle Real del Oriente Nr. 54, Tel. 947-377493: lavadora y secadora, cocina, Internet. Cama 7 Euros.

Alojamiento en San Nicolás de Puente Fitero: Albergue de peregrinos de la hermandad italiana de Santiago, dentro de la Capilla de San Nicolás, sencilla y auténtica, acogida amable. Limosna.

Alojamiento en Boadilla del Camino: Albergue privado de peregrinos "En el Camino", Plaza del Rollo/ esquina Calle Francos, enfrente de la Iglesia, Tel. 979-810284 o 619105168; lavadora y secadora, Internet, distribuidor automático de bebidas, jardín muy bonito, en verano con piscina y Bar en la terraza, Restaurante. Acogida muy amable. Cama 6 Euros: www.boadilladelcamino.com

Gastronomía:
Gastronomía en Castrojeriz: Restaurante "La Taberna", en la Calle Mayor, Tel. 947-377001.

Gastronomía en Itero de la Vega: nada recomendable: "La Mochila" – aquí nos sirvieron una de las pocas comidas malísimas en el Camino, mejor pasar y caminar hasta Boadilla del Camino.

Gastronomía en Boadilla del Camino: Restaurante del Albergue de peregrinos "En el Camino": muy buen menú del peregrino para 10 Euros ( p.ej. , puchero de alubias, merluza o chuleta, flan, botella de vino incluida).

Iglesias:
Ruina de San Antón: Por los arcos vacíos de esa ruina misteriosa del Convento de San Antón va la carretera del Camino. Hay que fijarse en el gran rosetón que muestra el símbolo de la tau.

Santa María del Manzano (Castrojeriz): Gran templo gótica a la entrada del pueblo, bella fachada principal con un rosetón espectacular, lamentablemente casi siempre cerrada (aunque el horario oficial indica abierta  10 – 14 y 16 – 19 horas).

Iglesia de Santo Domingo (Castrojeriz): templo renacentista cuya puerta principal está enmarcada por dos calaveras, símbolos espectaculares de la muerte.

Iglesia de la Asunción, en Boadilla del Camino en la Plaza del Rollo: iglesia renacentista del Siglo XVI, con una torre llena de nidos de cigüeñas.

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