ed 01/2008 : caiman.de

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[art_1] España: Huellas españolas en Manila:
Un centro barroco destruído, un poeta hispano y muchos Niños Jesús muy multicolores

El Niño Jesús milagroso del Capitán Magallanes
Todo empezó con un Niño Jesús, una estatuilla, regalada por el descubridor Magallanes el día 7 de Abril de 1521 a la Reina de la Isla filipina de Cebu. Aquélla se alegraba tanto que dejaba que la bautizaran con el nombre de Juana, así que se convirtió en la primera católica en el país que hoy es el único católico en el continente de Asia. Fernando de Magalhaes fue el nombre original del Capitán portugués quien había salido del puerto de Sevilla en el año 1519, por encargo de la corona española a fin de encontrar una ruta marítima a las islas de las especias del lejano oriente. Esa empresa, tan valiente como aventurera, hoy es conocida en los libros de historia como la primera vuelta al mundo, aunque Magallanes mismo no pudo concluirla, ya que sólo veinte días después de su misión exitosa en Cebu murió en la isla de Mactán durante una escaramuza contra un grupo de indígenas, así que Sebastián Elcano tuvo el honor de terminar la circunnavegación en 1522, entrando en el puerto de Sevilla.

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Unos veinte años más tarde, esas islas lejanas obtuvieron su nombre en honor del Príncipe de Asturias quien iba a ser Rey Felipe II. y en el año 1564 el Virrey de Nueva España (México) mandó el conquistador Miguel López de Legazpi a las "Las Islas Filipinas", para ocuparlas y cristianizarlas. Durante la conquista definitiva de Cebu, los españoles descubrieron entusiasmados la pequeña escultura del Niño Jesús traído por Magallanes unos cuatro décadas antes y construyeron una capilla para "El Niño", pronto venerado como milagroso por los habitantes de Cebu. Durante los siglos siguientes, ese primer símbolo de la misión católica en las Islas Filipinas fue copiado millones de veces en distintos tamaños y utilizando diversos materiales y estilos. Hoy día, las Islas Filipinas están llenas de estatuillas del Niño Jesús: no sólo podemos descubrirlos dentro de iglesias y conventos, sino también en casi cada autobús o taxi, para que el conductor pueda ir valientemente a toda velocidad ("El Niño" ya amparará a todos). Estamos sorprendidos de ver Jesusitos en supermercados y bares, para que los clientes, animados por la sonrisita del Dios Niño vayan a consumir y comprar, y naturalmente al entrar en un hogar filipino, sea choza o palacio, los visitantes también suelen ser recibidos por un Santo Niño con los brazos abiertos. Junto a los ambientes muy distintos, a veces también la calidad artística de las estatuillas puede variar considerablemente. Hay la versión del pequeño Jesús con "disfraz": por ejemplo llevando un uniforme (¡Jesusito como marinero o incluso como bombero!) Y cada tercer domingo de enero tienen lugar procesiones en honor del Santo Niño por todas las Filipinas, sobre todo en Cebu y Manila. Esas procesiones pueden llegar a ser tan multicolores que provocan vértigo en los ojos de los fotógrafos que contemplan el espectáculo.

Manila como puerto de objetos de lujo
El conquistador Legazpi exploró las Filipinas durante seis años, comportándose mejor que sus compatriotas Cortés y Pizarro en México y Perú, donde tan mala fama merecieron. Finalmente encontró un sitio que le gustaba más que Cebu: la bahía del puerto natural de la pequeña ciudad musulmana May Nilad cuyo nombre se derivaba de una planta de flores blancas que crecía en las orillas.

Después de vencer al soberano local Sulaiman, Legazpi fundó Manila (May Nilad) como nueva capital de "Nueva Castilla" (así bautizó la Isla de Luzón) el día 24 de junio de 1571. El conquistador del imperio colonial de España en la lejana Asia no pudo presenciar durante mucho tiempo el siguiente auge de  Manila como capital filipina, porque murió un año más tarde. Manila se convirtió pronto en un centro de comercio global entre Europa y los remotos imperios de China, Japón e India que intercambiaron allí sus mercancías con México y España. Gracias a las dependencias de muchos mercaderes de toda la Asia, especialmente por una gran colonia de chinos, Manila llegó a ser una importante capital comercial, pero nunca se fundó un Virreinato "Asia Española" con Manila como capital política. En cuestiones de administración política, las Islas Filipinas y Manila durante casi tres siglos formaban parte del Virreinato de México. Muy remotas, como en otra galaxía – un viaje de un año entero si todo iba bien – quedaron Sevilla, la sede de la autoridad administrativa de los virreinatos españoles (Consejo de Indias) y la Corte Real de Madrid. Por ello, casi todas las decisiones políticas y todos los transportes de mercancías entre las Islas Filipinas y España funcionaron vía México.

Aparte de productos y animales domésticos procedentes de España (caballos y gallinas), importaron muchas plantas útiles de México (aguacates, piñas, tomates y papayas) a las  Filipinas para cultivarlas allí. Durante casi 250 años (1571 – 1815) la llamada Ruta de los Galeones entre Manila y el puerto mexicano Acapulco, era como un "cordón umbilical" que unió las Islas Filipinas vía México con la "Madre Patria" España. Aunque el viaje duró aproximadamente medio año y sólo tuvo lugar cada dos años, ese intercambio comercial tuvo gran importancia para muchos sectores de la economía en tres continentes: Asia, Europa y América. Ese Galeón de Manila era un buque gigantesco comparado con otros de aquellos tiempos, con una enorme capacidad de transporte. Y la carga que llevaba solía valer como oro o incluso más: en Manila embarcaron seda y porcelana chinas, alfombras persas, especias exóticas de Asia como canela, clavos, pimienta, jengibre o curcuma, todo para México y España; desde Acapulco llegaron plata mexicana y oro (con esos metales pagaron las mercancías de lujo procedentes de China), y animales domésticos, plantas útiles y arte sacro (esculturas de Cristo, pinturas de la Virgen) para los numerosos conventos recién fundados en las Islas Filipinas.

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La llegada de esos tesoros en el puerto de Manila fue el acontecimiento del año y elemento clave dentro del comercio intercontinental. El arzobispo de Manila echó su bendición cada vez que el Galeón salió del puerto y cada bulto transportado llevó la inscripción "Dios lo lleve a salvo"  - detalles que indican claramente la importancia de la ruta de los galeones para la sociedad colonial de las Islas Filipinas. Alguna y otra vez, Dios no llevó a salvo el galeón y su carga tan apreciada, al menos cuatro fueron apresurados por piratas que hallaron el botín de su vida. Las mercancías transportadas por los galeones eran muy solicitadas y obtenían precios altísimos en Europa. Durante mucho tiempo, el llamado "mantón de Manila", un velo o manto de seda china fabricado en Cantón y embarcado en Manila, era un símbolo del comercio con las Filipinas y a la vez un símbolo de categoría social para las damas aristocráticas de Sevilla. Los riesgos incalculables del transporte contribuyeron aún más a la subida de los precios.

La Catedral de Manila – ocho veces "resuscitada" de sus ruinas
No sólo en las rutas por el Océano Pacífico (que de pacífico tiene bien poco), sino también en las islas, los colonizadores españoles tuvieron que luchar con fuerzas naturales desconocidas. Sus actividades de construcción en Manila fueron afectadas y muchas veces interrumpidas por catástrofes naturales. El centro del poder colonial se encontró en el barrio barroco que hasta nuestro tiempo lleva el nombre español de "Intramuros". Aquí erigieron el palacio del gobernador y la Catedral y desde 1591 Manila es la sede arzobispal más importante de Asia. Pero si contemplamos hoy la fachada principal de la Catedral, queda claro que el edificio actual de esa Basilica Minore de la Inmaculada Concepción no tiene mucho en común con la construcción original que databa de fines del Siglo XVI.

Es que el "curriculum" de la Catedral de Manila es como una historia de la Pasión a lo arquitectónico: al menos ocho veces el templo fue casi totalmente destruído y cada vez fue levantado de nuevo, "resuscitando" de sus ruinas. La primera construcción, todavía bien modesta, fue destruída en el año 1583 por un incendio, la segunda versión en 1588 por un gran huracán, la tercera, ya más representativa como Catedral, la destruyó un grave terremoto en el año 1600, la cuarta se derrumbó en 1621 por la misma causa. En los años 1645 y 1701 hubo toda una serie de fuertes terremotos, seguidos por inundaciones, que convirtieron  el templo católico más importante de Asia por quinta y sexta vez en un conjunto de escombros, también la séptima destrucción en 1863 se causó por un terremoto, sólo la octava en 1945, quizás la más total, la causaron los hombres: los bombardeos inclementes de los EE UU que convirtieron Manila en su campo de batalla contra Japón. A todas esas catástrofes habrá que añadir los defectos de la planificación arquitectónica de la Catedral de Manila. Aquí en la periferia más remota del imperio español hubo menos dinero, peores arquitectos y (a causa de la enorme humedad) un clima menos favorable, comparado con México, donde los daños siempre eran menores, a pesar de una actividad sísmica similar.

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Los pobres arquitectos de la Catedral de Manila se dedicaron a un trabajo de Sísifo y un monje del Siglo XVII se quejó en una carta de que rezar en la Catedral significaba estar en peligro de muerte. A principios del Siglo XVIII, el arzobispo Martínez de Arizala pidió al Consejo de Indias, que le mandaran finalmente un buen arquitecto de México.

Como también en otros territorios españoles de ultramar, también en las Islas Filipinas y especialmente en la capital Manila, la Iglesia católica, gracias a las actividades misionales de sus órdenes  (Dominicanos, Franciscanos, Jesuitas), constituyó la más poderosa institución de la sociedad colonial. Los dominicanos fundaron en 1611 la Universidad de Santo Tomás, la más antigua de Asia. Sin embargo, los programas de enseñanza en esa universidad, como en otros institutos católicos en las Filipinas, siempre estaban sometidos a la censura eclesiástica y la Iglesia supo suprimir voces críticas en las Filipinas hasta el final de la dominación española.

El trágico héroe nacional José Rizal – un poeta hispano
La más poderosa y carismática de esas voces críticas perteneció a Dr. José Protasio Rizal, un brillante intelectual nacido en el año 1861. Después de su muerte, muchos lo han calificado como "luchador para la independencia filipina", una denominación que carece de sentido. Primeramente, Rizal fue un poeta hispanohablante y un Filipino de la clase alta y burguesa. Su padre perteneció a una familia de chinos que había inmigrado unas generaciones antes a Manila, su madre era una mestiza. Rizal mismo no fue el nacionalista filipino – como aparece más tarde en los libros de enseñanza. Sería más acertado llamar Rizal un "ciudadano del mundo" quien escribió su tesis doctoral de filosofía en Madrid ("cum laude"). Estudió no sólo en Madrid, sino también durante breve tiempo en Heidelberg, y viajó por toda Europa y por los EE UU. En oposición a los rebeldes de la guerra de la independencia de las Islas Filipinas, Rizal exigió la hispanización total de Las  Filipinas – pero no como colonia, sino como provincia de ultramar con plenos derechos ciudadanos y con representantes en el Parlamento español (Las Cortes).

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No obstante, le resultó fatal a Rizal que muchos de los rebeldes los que empezaron a luchar con violenca para lograr la independencia nacional de las Filipinas, habían leído sus libros  (prohibidos), inspirándose en sus palabras provocadoras. De hecho sus novelas "Noli me tangere" (primera edición en Berlin 1887) y "Filibusterismo" (publicada en Gantes, 1891), atacaron públicamente los abusos colonialistas en las Filipinas (administración corrupta, una Iglesia tan intolerante como todopoderosa y la doble moralidad de muchos monjes y sacerdotes), pidiendo urgentes reformas, pero no fueron un llamamiento a la separación de España. Lo mismo se puede decir de otros escritos suyos, p. ej. de sus artículos publicados en  la revista "La Solidaridad", editada en Barcelona por un grupo de estudiantes filipinos del que formaba parte: sus mensajes eran anti-coloniales, pero no anti-españoles. Sin embargo, José Rizal se convertía poco a poco en la figura carismática que personificaba una nueva percepción del propio ser de los Filipinos. Grandilocuente como quizás ningún otro de su generación, atacó la "frailocracia" que reinaba en su tierra natal y exigió que la Iglesia consagrara finalmente sacerdotes indígenas en vez de seguir con el colonialismo clerical. Mientras que en España hubo políticos que apoyaron sus ideas, en las Filipinas las autoridades coloniales prohibieron sus dos novelas inmediatamente después de su regreso a Manila en 1892.

Sobre todo los líderes del clero católico en las Filipinas consideraron José Rizal y sus obras como sumamente peligrosos. Cuando en el mismo año fundó el movimiento reformista y pacífico Liga Filipina, las autoridades lo exiliaron a la Isla Mindanao. En otoño del 1896, Andrés Bonifacio y la sociedad clandestina Katipunan ("hermandad de los hijos del pueblo") fundada por él, iniciaron una rebelión violenta contra la administración colonial española. Aunque Rizal se distanció claramente de las intenciones y métodos de la Katipunan, lo detuvieron poco más tarde. Los rebeldes se habían inspirado obviamente por la lectura de las obras del "ilustrado" Rizal – y esa popularidad le resultó mortal. Lo condenaron a muerte y en la madrugada del 30 de diciembre del 1896 lo fusilaron a la edad de sólo 35 años. En la cámara de ejecución, pocas horas antes de su muerte, Rizal escribe su famoso y apasionado poema "Mi Último Adiós" – naturalmente en español y en forma clásica, un testimonio conmovedor de su orgullo inquebrantable. Aunque había afirmado hasta el final – y aparentemente con razón - su inocencia con respecto al levantamiento violento, el juez lo condenó como "traidor a la patria" – y como tal debía dar las espaldas al piquete de ejecución. Pero en el último momento, Rizal se vuelve bruscamente hacia adelante, mirandoles la cara a sus verdugos un segundo antes de caer muerto al suelo. Una escena tan llena de patetismo de película que resulta increíble que la biografía de ese mártir nacional de las Filipinas hasta ahora no haya sido llevada a la pantalla por Hollywood...

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300 Años en un Convento español y 45 Años de "Hollywood"
Mediante ese lema, muchos Filipinos suelen resumir su historia hasta lograr finalmente su independencia en el año 1946. La primera parte parece más o menos acertada, pero la segunda no se puede aceptar porque resulta escandalosamente eufemística: con "Hollywood" muy poco tenía que ver lo que pasó después de la dominación española – o sea quizás con una película de horror. Después de la ejecución de Rizal había empezado plenamente la guerra de la independencia de los filipinos contra los españoles, a principios del 1898 negociaron un armisticio transitorio. Sin embargo, cuando los EE UU declararon la guerra a España en abril del 1898, los rebeldes filipinos bajo el mando de Emilio Aguinaldo retomaron la lucha, esperando la pronta derrota de España contra la flota moderna estadounidense. Durante décadas, muchos gobiernos de los EE UU habían condenado el colonialismo de los imperios de la "Vieja Europa" y aplaudido a todos los movimientos independistas en América, empezando por Simón Bolívar.

Pero cuando Aguinaldo proclamó la independencia de las Islas Filipinas el día 12 de Junio de 1898 después de la derrota de España y después de una guerra en la que los rebeldes filipinos y los EE UU se consideraron como aliados, los EE UU de repente se quitaron la careta. Se negaron a reconocer el nacimiento de esa República Filipina, el gobierno estadounidense prefirió pagar unos 20 millones de dólares a España - ¡para tomar posesión de las Islas Filipinas como colonia estratégica en el Pacífico! ¡Bienvenidos en el Club de los Imperios colonialistas! (Lo mismo hicieron los EE UU con Cuba y Puerto Rico en el año 1898). Después de que los Filipinos se hubieran recuperado del choque de esa traición, empezaron una segunda guerra de la independencia bajo el mando del General Aguinaldo, esta vez contra la nueva potencia mundial EE UU. Cuando capturaron a Aguinaldo en Marzo del 1901, Washington consideró esa guerra como oficialmente terminada, pero los filipinos la continuaron con táctica de Guerilla en regiones apartadas.

La supresión brutal del movimiento independista de las Filipinas, calificada por los pocos autores estadounidenses críticos como "primer Vietnam" , es uno de los capítulos más olvidados de la política exterior de los EE UU – y uno de los más sangrientos. Según estimaciones cuidadosas, en menos de una década (1898 – 1908) murieron más filipinos por violencia de los EE UU que durante tres siglos y medio de la dominación española: en total un millón, es decir al menos 10% de la población. De ellos un cuarto millón murió directamente a causa de guerra y terror violento y otros 750.000 por hambre y "efectos colaterales". En sus métodos de suprimir la Guerilla, los nuevos dueños coloniales no mostraron muchos escrúpulos, hay muchos casos de racismo y excesos documentados: por razones de "escarmiento", comandantes estadounidenses mandaron el fusilamiento de todos los habitantes masculinos (incluyendo niños) de aldeas en regiones controladas por la Guerilla.

Después de consolidarse como potencia colonial, los EE UU inundaron las Filipinas con productos de su progreso económico e introdujeron libertad de la prensa, pero las masacres cometidos por las fuerzas armadas de los EE UU durante la guerra de la independencia nunca han sido tematizadas. En la Segunda Guerra Mundial los japoneses cometieron horribles masacres en Manila, pero también los EE UU se despidieron de las Islas Filipinas tan brutalmente como habían entrado en su historia. Los EE UU bombardearon Manila (una ciudad ocupada por los japoneses, ¡pero a la vez la capital de su colonia, una parte de los EE UU!) sistemáticamente, así que toda la ciudad, incluso el barrio barroco de la "perla del Pacífico" (Intramuros) fue destruída totalmente. ¿Quién sabe en Europa que Manila – junto a Warsovia – fue la ciudad más totalmente destruída por la Segunda Guerra Mundial?

"Hollywood" dejó un escenario apocalíptico cuando abandonó en el año 1946 las Islas Filipinas explotadas a su suerte, una independencia llena de de inseguridades. Para muchos un milagro: en el recinto completamente arruinado de Intramuros la pequeña Iglesia de San Agustín, construída en estilo barroco español-mexicano, "sobrevivió" el inferno de los bombardeos estadounidenses. ¿Qué más ha quedado de tres siglos y medio de presencia española en Manila? Un sinfín de nombres y el gigantesco monumento en honor del poeta nacional de las Filipinas, José Rizal, cuyo idioma literaria fue español, así que la decisión fatal del gobierno filipino de abolir el español como asignatura obligatoria para el acceso a la universidad en el 1987 no habría recibido su aplauso. Es que esa decisión significa una pérdida cultural considerable al contribuir a la lenta desaparición del idioma castellano en las Islas Filipinas – según encuestas recientes, sólo un 10% de los filipinos serían capaces de entender las obras de su héroe nacional Rizal en su versión original. Claro que también la crónica desactividad de muchos gobiernos españoles que apenas hicieron nada para iniciar o apoyar medidas para promocionar el uso del idioma español en su antigua colonia ha contribuido a esa triste situación.

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Actualmente, Manila es una megaciudad dominada por anuncios gigantescos en inglés y con unos 12 millones de habitantes. El distrito central (con 41.000 habitantes por kilómetro cuadrado) tiene la más alta densidad de población de todas las ciudades del mundo. Muy probablemente, allí también hay la más alta densidad mundial de estatuillas del Niño Jesús – y los "Santos Niños" desde siempre, ahora como antaño, sólo entienden español.

Texto: Berthold Volberg
Fotos: Wolfgang Reik

Enlaces y Literatura:
Página web oficial de la Ciudad de Manila
www.manilacityph.com

Sobre la vida y obra de José P. Rizal:
www.ensayistas.org/filosofos/filipinos/rizal

El  texto de su poema "El Último Adiós" en Español, inglés y tagalog:
www.palhbooks.com/rizal.htm

Sobre la ruta de los galeones:
http://ingles.sge.org/sge03/pboletin19ar.asp

Sobre la supresión brutal del movimiento de independencia filipina por parte de los EE UU:
Ronald Bayor: "The Columbia Documentary: History of Race and Ethnicity in America", Columbia University Press, Junio 2004

E. San Juan: "U.S. Genocide in the Philippines: a case of guilt, shame or amnesia?", Universidad de Lovaina, Bélgica, en Marzo de 2005

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